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Blog de Gonzalo López Cerrolaza

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.

LOS TOLEDOS

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Toledo es una ciudad que cuesta. Cuesta para arriba, cuesta para abajo, cuesta en llano. Y encima la calzada de rolinstones, que vienen a ser igual que los cantos rodados pero para guiris, es decir, para destrozarte los zapatos y los pies. Al final de cualquier cuesta, una iglesia, o un museo, o una iglesia-museo o un museo de la Iglesia. Y muchas plazas con estatuas; la de Garcilaso De La Vega es la mejor, con diferencia, en lugar de una espada en la mano levanta una pluma; ¿y la espada?, envainada. Y bares, muchos bares, tantos bares como en cualquier sitio de la península, así que imaginad. Hay bares cuesta arriba, bares cuesta abajo y bares en llano. Resulta divertido llevar de bares a los amigos de fuera, cuesta arriba o cuesta abajo, evitando las calles en llano. Se cansan, todos dicen cuando llegan: “¡qué ciudad más bonita!” y al marcharse dicen lo mismo, pero con algunos cambios: “¡qué cuestas más costosas!”. Sí, parece que estén jugando al teléfono estropeado.

Toledo es una ciudad que cuesta. Cuesta llegar y cuesta marcharse; cuesta encontrar hotel para pernoctar y cuesta encontrar un restaurante sin encanto; cuesta verla entera en un fin de semana y cuesta verla entera en toda una vida; cuesta saber qué se debe ver en un día y qué se debe ver todos los días; cuesta explicar que el Miradero es en realidad un Mirador; que el Circo Romano pilla a desmano de los turistas; que los restos Visigodos nos sobran y por ello intentamos construir edificios sobre ellos; que, cuando sólo vas a pasar una mañana de visita turística, el Alcázar es prescindible y no la iglesia de Santa Eulalia, tan escondida ella del paso de los años…

Toledo es una ciudad de sorpresas; está toda llena de sorpresas y nuevas bellezas antiguas. Mi abuela la describía como un castillo sobre una nube, y no se equivocaba demasiado, aunque la nube es un río y el castillo es una ciudad de estrechas calles - por las que cuesta pasar los coches -, varios castillos y sinagogas y piedras frías pero acogedoras.

Toledo es una ciudad que cuesta. Cuesta el damasquinado y cuesta el mazapán; cuesta un sacacorchos descorchador y una taza con capacidad; cuesta entender las preguntas de extranjeros y cuesta orientarse por las indicaciones de los vecinos (la mayoría de los que preguntan por la Catedral terminan llegando hasta la Cornisa). Toledo sí que tiene callejeros, pero nadie conoce el nombre de sus calles, no, las calles son las de los bares, las de las tiendas, las del mazapán. Acércate a un taxista y dile que quieres ir al Callejón del Diablo o a Calandrajas, a ver qué te responde. O bien no la conocerá o bien su taxi maquillado no podrá pasar por dicha callejuela.

Toledo es una ciudad que cuesta. Cuesta no decir que está debajo de Madrid y cuesta decir que Talavera de la Reina es casi el doble de grande; cuesta no ver los siglos pasados por sus piedras, oler su color violeta, sonreír en su puente Alcántara.

Y, además, Toledo es una ciudad que cuenta. Sí, sí, que cuenta cuentos sacados de una bolsa mágica que consiguen hacer dormir, y soñar felizmente, al más activo de los niños y al más hiperactivo de los mayores, y a sus padres e hijos, como si mi ciudad fuese un columpio y todos pasáramos la vida en un balancín que no cesa.

04/04/2008 08:56 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Relatillos Hay 5 comentarios.

YO TENÍA UN PATITO

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Yo tenía un patito. Lo gané en una feria, me lo dieron en una de esas casetas en las que coges una escopeta que nunca da en el blanco. Disparé a seis patitos amarillos y acerté cinco, a uno en la cabeza, a dos en el cuello y a otros dos en la colita. Bueno, no es que acertase exactamente, fallé todos los disparos; menos el que disparé al aire, que se marchó la bala por el aire, los demás los fallé: apuntaba a un patito y le daba a otro, apuntaba al patito de más a la izquierda y le daba al patito de más a la derecha, apuntaba a un bebé que tenía al lado y le daba al patito del centro. Gané un patito, un patito feo, muy feo, más feo que el Patito Feo, más que nada porque el Patito Feo era un cisne, y el mío sólo era un pato. Un mierdecilla de pato. Un pato cobarde. Un pato feo y cobarde.

Yo tenía un patito. Era un patito feo y cobarde. Oía la campana del microondas y se escondía tras las cortinas. Veía mis zapatillas de andar por casa y se escondía tras las cortinas. Notaba el tacto de las cortinas y saltaba por la ventana. Murió, claro. Al primer salto. Era un patito un poco tonto.

Yo tenía un patito. Era un patito feo, cobarde y tonto. Murió de tontería, pensó que era un suicida y saltó por la ventana. ¿Un patito suicida?, ¿dónde se ha visto eso? Yo le llamaba feo y él no me respondía. Le llamaba cobardica y sólo decía "cuá cuá". Le llamaba tonto y... bueno, nunca le llamé tonto. Sólo cuando murió, para que no tuviese baja la autoestima, más que nada, porque tonto era un rato. El caso es que me di cuenta de que los patos no son muy respondones que digamos. Y no saben traerte el periódico. Quizás sí que saben traer el periódico, pero como no saben coger el dinero con el pico, pues no pueden pagar el periódico y en los quioscos no te dan los periódicos gratis. Estuve a puntito de conseguir que llevase las monedas para el periódico en una bolsita de tela que le había cosido, pero murió antes de estrenarla, el muy gilipollas.

Yo tuve un patito. Era un patito feo, cobarde, tonto y gilipollas.

11/04/2008 09:45 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Animalitos Hay 2 comentarios.

DISPAROS

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Cuando disparo al viento hiero las gotas

de tu mirada fresca y tu suspiro;

 

cuando disparo un verso, soy un papiro;

 

cuando ametrallo el odio, ato mis botas;

ato fuerte mis botas, ¿no lo notas?,

comienzo a caminar y ya respiro;

 

a vueltas otra vez, un nuevo giro,

el puerto es una nube de gaviotas,

apunto al viento, al verso, al odio todo;

disparo nuevamente, pero fallo;

 

y quedo ensimismado por mi suerte,

descubro por azar que ando beodo;

dejo de disparar, y ya me callo.

18/04/2008 09:48 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Poesías Hay 14 comentarios.

LEYENDA DEL EXPLORADOR Y LOS SALTOS

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Un explorador chocó

contra un salto de canguro

que se habían olvidado

los marsupiales; “seguro

que andaban de fiesta”,

pensó el hombre del sombrero

salakof y a grito limpio

dijo: ¡Canguro lunero,

rapero y cascabelero,

tengo aquí tu salto entero!

 

Un explorador que andaba explorando (supongo) por la Senda ecológica del Tajo se encontró un salto de canguro que algún marsupial había perdido; lo guardó en su mochila y se puso a buscar al animalito; no debía ser difícil localizar al único canguro que no saltaría al verle; sin embargo, a medida que avanzaba entre higueras y tarais iba encontrándose más y más saltos perdidos. “¡Esto es una catástrofe!”, pensó, “¡los canguros están perdiendo sus saltos!”, y poco a poco fue llenando su mochila de más y más saltos; también se encontró con una oca, pero no tuvieron una conversación lo bastante interesante como para escribirla aquí. Pues bien, justo en el momento en que ya no le cabían más saltos en la mochila, apareció una horda de aviones, que son como las golondrinas, pero sin corbata, porque van de sport y, en este caso, además eran asesinas, porque asesinaban; el explorador se puso a hacerles fotitos, claro, y los aviones se lo merendaron a base de bien.

 

¿Y qué pasó con los canguros y con la mochila llena de saltos?, os preguntaréis, ¡yo qué sé!, aún me cuesta entender cómo es posible que por la Senda de Toledo haya canguros salvajes; yo no los he llegado a ver, pero cuentan que es porque se esconden mimetizándose con el puente Alcántara, como los camaleones. Si algún día, pasea que te pasea, os encontráis una mochila saltarina, sabréis que esta historia no es sólo una leyenda.

25/04/2008 09:05 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Relatillos No hay comentarios. Comentar.


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