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Cerrolaza

A LA ORILLA DE LA MEZQUITA

A LA ORILLA DE LA MEZQUITA

Miri Las se sienta en la orilla de la Mezquita, aquel inmenso tiburón que siempre dice un treintaytrés ante las cámaras. Quizás sonríe - piensa Miriam - porque ha cumplido un siglo más sin que las guerras lo despojen de sus ropas de piedra, ni lo violenten extraños seres verdosos disfrazados de humano. Miriam siente el aire a bocanadas en su pecho cuando descansa sus piernas allí, cada semana. Sus piernas, ¡cuánto castigo acumulado en dos trozos de carne y piel!, ¡cuántas lágrimas de seda cayendo hasta sus pies! Nunca se han quejado. Son dos piernas bien educadas, y bonitas.

 

Nico Am se estira en la cama levantando los dos brazos al techo, al nacer un nuevo domingo anaranjado; mientras, su mirada se despereza saltando de su ventana a la visión de la Mezquita, aquella vela enmascarada de ternura y de agua que suelta llamas a las nubes. Quizás escupe calor - observa Nicolás - porque desea chimeneas de besos cuando el amanecer se disfraza de mujer y un susurro de ternura le tumba los brazos. Sus brazos, ¡qué dos amigos y hermanos!, ¡cuántos tatuajes de heridas bailando al compás de sus lunares! Jamás dijeron esta mano es mía ni estos dedos suman doce. Son dos brazos bien acostrumbrados, y amables.

 

Isa Fer acaricia las hojas desgastadas, casi otoñales ya, de su novela preferida, herencia de herencia del regalo de un amante. Junto a ella, los muros eternos de la Mezquita. Paredes de cánticos agazapadas bajo una luna amarilla pegada al techo violeta de Córdoba. ¡Cuánto amor contenido entre sus dedos! Doscientas treinta y seis páginas llenas de líneas horizontales que sustentan el único recuerdo alegre que conserva de su madre: “es para ti, y antes fue de tu abuela, se lo regaló su primer amor, su verdadero amor, unos meses antes de que se casase con tu abuelo”, después una mueca de nostalgia, después dos ojos soñadores de una niña, y luego el masaje de unos dedos sobre el papel. ¡Cuántas huellas dejadas sobre lo que nunca se imprimió!, ¡cuánto esfuerzo repasando una dedicatoria de amor a la sombra de un edificio que baila valses con el viento! En ningún momento soltaron un crujido señalando una parada. Son diez dedos con buen tacto, y sensibles.

 

Nando Bel porta una niña por brazo. Sus pequeñas hablan sin parar y endulzan un aire pálido e inmóvil, como alabando el oficio del mimo. “¡Qué bonita!”, corean al unísono, y bajan de sus brazos para tocar con sus manitas la Historia, los siglos que no inventan. Fernando no mira la Mezquita, dirige sus ojos a sus hijas con el orgullo de saberse afortunado y la esperanza de volver cada año, mientras pueda, a recordar junto a ellas a su querida esposa, como ella le pidió antes de que esa sábana de hospital dejase de arroparla. ¡Cuántas lágrimas perdieron sus ojos!, ¡cuánto la recuerda cuando ve a sus peques corretear bajo esa red de rombos! Sus ojos no pestañearon en absoluto. Son dos ojos de miel de caña bien entrenados, y penetrantes.

 

Una cámara sigue haciendo fotos, pero no a la Mezquita, que van a borrarla con tanto flash y clic-clac repetido. El otro, el que observa callado tras el objetivo, disfruta al advertir, bajo toda esa belleza construída, los paisajes de unas vidas exclusivas y entrelazadas por un lugar en una mañana de domingo. El otro concluye, tras su visita turística, que la Mezquita es penetrante, sensible, amable y, como dirá Anita, la hijita de mi amigo Pablo cuando éste la lleve hasta allí: “bonita”.

4 comentarios

Cerro -

Gracias, majas. tres abrazos enormes.

Silvia -

Hay un monumento a los enamorados al lado de la Mezquita. Dicen que si llegas de la mano con alguien, volverás a Córdoba, y enamorado. Córdoba, Aisha, nombre de mujer bella, que encerraron, por tener un amante cristiano, en una torre de la que no volvió a salir viva, pero desde la que veía toda Córdoba. Aisha: bella, amada.

marta -

una forma muy bella de describir ese maravilloso rincón de mi tierra.
un abrazo

María José (Persey) -

Tú sí que construyes belleza con tus palabras. Hermoso paseo por tus letras y la Mezquita de Córdoba.
Me encantan tus "formas" Cerro.
Saludos grandotes, desde el Sur, este mismo, aquí al lado.