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Cerrolaza

REFLEJOS RUTINARIOS

REFLEJOS RUTINARIOS

Justo en el momento en que Nuaj, con su mano izquierda, rozaba su barbilla con la brocha llena de espuma, sintió que su cuerpo desaparecía por la puerta del cuarto de baño; sus pies, tobillos y rodillas no obedecían su orden de quedarse quietos y así no había manera de afeitarse antes de ir al trabajo. Como en un sueño, supo que había llegado hasta la cocina y apagó el pitido de la cafetera. De pronto, reapareció frente al lavabo y pudo seguir con su aseo matutino. Odiaba tener que hacer siempre lo que a Juan le apetecía a cada instante.

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