APUESTA VIDAS

Casi cincuenta años
bajo la sombra de su bigote, ella;
sobre las curvas de sus rodillas, él;
una mesa coja, regalo de boda,
y siete comidas a repartir en otros tantos días.
Y no estoy hablando de amor.
Dos hermanos hijos de un mal portero;
el mayor cambió sus vidas,
el menor, al movimiento desapercibido,
como las hojas o las bolsas del Día (cinco céntimos de plástico),
se balancea en un huracán enano que gusta del baile lento.
Y no estoy hablando de amor.
Cien sueños desesperados
enterrados en rutina y besos incoloros,
igual que el agua de abril
cuando se ha pasado la adolescencia.
Y el paseo de los domingos sigue temblando
con un nudo en la garganta,
sin voz, sin sabor, sin agüita de mar ni de océano.
Y no estoy hablando de amor.
Bodas de hijos, nietos, perros,
alergia a los gatos y abandono de estudios,
empleos y cuberterías de Ikea,
cuando el tiempo se pierde jugando a ser un niño
que corre y vuela y salta sobre los charcos del horizonte;
no hay vuelta de hoja
ni divorcio de las autopistas que surcan las caras
alegres, amargas,
a veces, a ratos,
de una pareja en la que han nacido el respeto,
el tiempo y el pasado.
Y no estoy hablando de amor.
Luego, la memoria
- jugadora empedernida de póker -
apuesta vidas sin pestañear
y pierde seis veces pensando en un tres doble a los dados,
pero las cartas no tienen forma cúbica
y el olvido es un crupier con muy buen porte.
La banca siempre gana.
Y no estoy hablando de amor.
4 comentarios
El empecinado -
El empecinado -
Cerro -
Me alegro mucho de verte por aquí. Un abrazo enorme desde La Puebla.
jose -
la añado a favoritos¡
>besitos desde murcia