Cerrolaza |
|
|
Blog de Gonzalo López Cerrolaza
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2007. BATRACIOS Las puertas de un país ensombrecido, con muro ceniciento no barrido, se cierran con llave a la misma hora que despiertan al ojo dormido bajo un techo con goteras de aurora.
Y dícese de ellos diligentes - de un corcho no parecen diferentes, sus cuernos de alcornoque sin encanto lucen como pinturas fluorescentes -, que engañan o engañados, monta tanto.
Donde dijeron "digo", dicen "dijo" y acusan al que es pródigo o es hijo, no hay vuelta de una tuerca que se enrosque más que su vil serpiente contra fijo o móvil, transparente ven el bosque.
Desmienten que algo fuese verdadero, que es cierto, pero incierto fue primero, y estrellan, boca a boca, sus migrañas, sus entradas de mar de calvicie de enero, sus enredos de postal, sus telarañas.
Hoy prohíben en sueños hasta el tabaco, si fumas serás el hombre del saco, recuerdos de un Chicago adolescente, recuerdos de los polis contra el caco, recuerdos de un respeto algo incoherente. APUESTA VIDAS Casi cincuenta años bajo la sombra de su bigote, ella; sobre las curvas de sus rodillas, él; una mesa coja, regalo de boda, y siete comidas a repartir en otros tantos días.
Y no estoy hablando de amor.
Dos hermanos hijos de un mal portero; el mayor cambió sus vidas, el menor, al movimiento desapercibido, como las hojas o las bolsas del Día (cinco céntimos de plástico), se balancea en un huracán enano que gusta del baile lento.
Y no estoy hablando de amor.
Cien sueños desesperados enterrados en rutina y besos incoloros, igual que el agua de abril cuando se ha pasado la adolescencia. Y el paseo de los domingos sigue temblando con un nudo en la garganta, sin voz, sin sabor, sin agüita de mar ni de océano.
Y no estoy hablando de amor.
Bodas de hijos, nietos, perros, alergia a los gatos y abandono de estudios, empleos y cuberterías de Ikea, cuando el tiempo se pierde jugando a ser un niño que corre y vuela y salta sobre los charcos del horizonte; no hay vuelta de hoja ni divorcio de las autopistas que surcan las caras alegres, amargas, a veces, a ratos, de una pareja en la que han nacido el respeto, el tiempo y el pasado.
Y no estoy hablando de amor.
Luego, la memoria - jugadora empedernida de póker - apuesta vidas sin pestañear y pierde seis veces pensando en un tres doble a los dados, pero las cartas no tienen forma cúbica y el olvido es un crupier con muy buen porte. La banca siempre gana.
Y no estoy hablando de amor. EMPACHO DE GALLINAS SALVAJES![]() Para que Javi se lo lea a Pablo El día que Harino, el zorro blanco, no salió a asustar a las gallinas salvajes, todos en el Bosque Fles se preocuparon un montón. ¡Uf! Como para no preocuparse, Harino llevaba diecisiete años sin faltar un solo día a su cita con las gallinitas salvajes. Los animales decían: "mira, por ahí va el zorro Harino, a asustar a las gallinas", y así era cada mañana, hasta haberse convertido en una fotografía típica del Bosque Fles. Por eso fue que la mañana que nadie vio al zorro, el Juez Bernardito mandó a los guardabosques a su choza, a ver si le había pasado algo. Los guardabosques, que no eran otros que Pin y Pon, dos muñequitos de "Famosa" más pequeños que los diminutos y que andaban a saltos porque sus piernas no eran móviles, tardaron en llegar a la casa del zorro más que un hobbit en tirar un anillo de latón a un río, pero llegaron. Allí se encontraron a Harino tirado en el suelo medio muerto y decidieron avisar al Médico del Bosque Fles. José Antonio, el Médico, apareció en un pispás junto a David y Manolo, los superconductores de la ambulancia, a la vez que todos los habitantes del Bosque se reunían alrededor de la casa del zorro para ver qué pasaba, más por el morbo que produce una situación de esas características que por la preocupación de que algo grave le pasase al zorrito. Josecito - que así lo llamaban los animalitos - hizo un rápido reconocimiento a Harino y le diagnosticó un empacho de gallinas salvajes. "¡Oh!", dijeron todos, "¡un empacho de gallinas salvajes!". Ahora sí que se preocuparon de verdad. Resulta que un empacho de gallinas salvajes es una enfermedad realmente contagiosa y mortal y sólo tiene una cura posible: conseguir el perdón de las brujas de las gallinas salvajes. Con todo, Josecito volvió a su clínica mientras David y Manolo hacían sonar la sirena de su ambulancia a toda mecha. FIN - ¡Noooooooooooo! ¿Qué pasó, qué pasó? ¿Qué hicieron las brujas? - Mañana os lo cuento. Ahora a dormir. 13/06/2007 23:23 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Cuentos para dormir renacuajos Hay 5 comentarios. LAS BRUJAS DE LAS GALLINAS SALVAJES![]() Para que Javi se lo lea a Pablo (2ª Parte) En el capítulo anterior... lean el capítulo anterior, no me sean vaguetes.
Harino, el zorro blanco, seguía muy pachucho. Los animalitos del Bosque Fles hacían turnos para cuidarle, todos se habían unido, como si de un incendio del bosque se tratase, ante la desgracia del enfermo. Sin embargo, aún no sabían quién sería el valiente que se atrevería a cruzar la puerta mágica que daba al mundo de las brujas de las gallinas salvajes. Las leyendas sobre las brujas pirujas que se contaban en el Bosque Fles eran numerosas y todas acababan en tragedia, siempre. ¿Sería Jacobo, el duende de orejas muy muy puntiagudas?, ¿sería el Juez Bernardito, la lechuza blanca?, ¿sería el fantasma de Marinela, la cervatilla boba? Pues no, como nadie se proclamaba voluntario - bueno, nadie no, porque Piti, el Gigante Valiente, que era muy valiente porque era un gigante, sí que quería ir, pero se había hecho un esguince el día anterior jugando a la petanca y le fue imposible -, decía que como nadie excepto Piti se atrevía, Saturnina, la piraña bermellón, decidió enviar a las ardillas, que al ser tan tontas ni se enterarían del riesgo que corrían y, en caso de que sufriesen un final terrible y nunca regresasen al Bosque Fles, nadie las lloraría demasiado. En fin... Las brujas de las gallinas salvajes eran siete y se llamaban: Carmen, Aurora, Alicia, Cristina, Sofía, Érika y Laura. Estaban jugando a la comba tan tranquilas cuando, de pronto, se encontraron con catorce ardillitas temblando de miedo acercándose por la derecha y haciendo un círculo alrededor de la comba. ¡Qué estampa! Siete brujas hechas y derechas rodeadas por catorce ardillas bobas a las que hubieran podido aplastar de dos pisotones por bruja. Una de las ardillas intentó hablar, pero no se la entendía nada, por suerte, las brujas sabían un montón de idiomas y cómo solucionar los problemas del habla y los nervios psicológicos y, entre todas, ayudaron a la ardillita a exponer el problema. El problema no era otro que * y las brujas decidieron ayudar a las ardillas, "son unos bichos tan bobos que no merece la pena comérselos, a ver si nos van a contagiar", habían pensado todas. Total, enviaron a Javier y a Rodrigo, los practicantes del Bosque Fles, en la superambulancia de David y Manolo para que curasen a Harino con dos inyecciones mágicas, una por nalga; y así pasó, el zorro blanco se recuperó y ya nunca más faltó a su cita con las gallinas salvajes, aunque, por los efectos secundarios de las inyecciones, ahora eran las gallinas salvajes las que asustaban al zorro blanco, pero bueno. * Ya les dije que leyesen el capítulo anterior. FIN - ¿Y las ardillas? - Las ardillas ¿qué? - ¿Qué qué pasó con ellas?, ¿fueron las heroínas del Bosque por haber salvado a Harino? - ¡Hum!, sí, podrían haberlo sido, pero como eran tan poco avispadas, no recordaban el camino al Bosque Fles y tardaron varios meses en regresar del mundo mágico de las brujas salvajes, así que para cuando volvieron a casa, ya nadie se acordaba de ellas. Venga, ahora a dormir, que es viernes y tengo que irme de fiesta. 17/06/2007 10:41 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Cuentos para dormir renacuajos Hay 4 comentarios. TORPEZA Cuidado no camines delante de mis ojos no vaya a tropezarme mirando tus andares, cuidado no me beses con esos labios rojos que soy capaz de ahogarme en tu boca de mares; y no es que no pretenda ser tu fiel pretendiente, tampoco es que no quiera poder querer quererte, tan sólo es que soy torpe como un pobre torpedo que no explota y no explota, aunque ha caído al suelo.
Me dices que me calle, que quieres más acción que te vas al trabajo si doy pie a la razón, que ya tienes marido que te cante cuarenta o más cosas insulsas, que perdiste la cuenta, que lo que te apetece es disfrutar los cuerpos, que me tape la boca jugando con tus senos;
y no es que yo desee nadar contracorriente pero, cariño mío, me siento diferente quizá estoy algo obtuso, quizás convaleciente, pero es que no me pongo, y me siento impotente; quizá soy sólo torpe como un pobre torpedo que no explota y no explota, aunque cayó del cielo.
Te vistes aburrida de tanta palabreja; me dices soprendida: ¿acaso me ves vieja?, ¿acaso no comprendes lo que es una aventura?, ¿acaso es que prefieres ser célibe cual cura?, ¿acaso sientes algo profundo en tu interior?, porque, Gonzalo, nunca hemos hablaó de amor.
Y no es que ahora, carajo, me sienta adolescente, me cosquilleen las tripas, te vea constantemente, tan sólo es un mal día, una mala mañana, espero que no dure más de una o dos semanas. Será que mi torpeza, como en cualquier torpedo, borracha de cerveza, explota a medio tiempo; será que la torpeza se me volvió tan loca que salto de oca en oca y ya no me provocas.
Yo que hice seminarios y másters en Santiago sobre amores eternos efímeros cerrados; yo que no quise nunca amar constantemente, me siento tan sentado, pensando transparente; será que mi torpeza me hizo enamorarme de mi mujer, cariño, y ahora voy a marcharme con ella, con sus manos, y tú ya no me esperes, lo siento pero ella, quizás, aún me quiere. |