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Blog de Gonzalo López Cerrolaza
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. Sin palabras![]() Tus pezones al cielo, mi boca sin palabras vacías, tu zumo de pomelo mi hambre a todas horas;
Los pétalos de hielo y su escarchada risa, las caras sin su velo, el fuego de la aurora.
Minutos en silencio, las preguntas sin prisa - ¿te has cortado el pelo? -; sé que el placer te adora. CENICIENTA![]() Cenicienta existió a veces con banda sonora propia y otras veces... no. Inventó los zuecos naranjas hechos a base de calabazas y sueños rotos, perdió un beso en el baile de fin de curso y, en la medianoche del reloj, detuvo un suspiro de alegría en su desván al ver que los cepos de su madrastra habían funcionado, demasiado. Cenicienta existió a veces en mp3, para no desfasarse, y, otras veces, su vida fue un pause eterno del dvd, guardaba su diario en un calcetín y el calcetín en un pequeño baúl de nácar escondido bajo la tarima flotante que barría sin cesar. Soñó con ponys blancos de nube atados, girando en círculo en la feria, y giraba como un pony, los ojos cerrados, con su único pañuelo agarrado a sus dedos bailando al son del viento. Cenicienta existió a veces en las mentes de las feas hemanastras, pero no era Doctora en Cirujía Plástica, por eso la odiaban y le escabullían los zapatos del armario, cuando no miraba, cuando sus ojos buscaban un pirata en el horizonte, sí, Cenicienta soñaba que era Jack Sparrow y no un príncipe pitufo quien la rescataba, siempre le gustaron el mar y el trocito de limón en el cubalibre. Tuvo complejo de Blancanieves a los quince, por eso evitaba las manzanas y nunca quiso saber por qué ardió Troya. Cenicienta existió a veces en todas las muchachas cuyos ojos brillan al olor del romero - como los tuyos -, y, otras veces, apagaba el despertador, sin levantarse de la cama, para quedarse cinco minutos más escondida en un cuento. UN BOMBERO EN EL BOSQUE FLES![]() Un día Joselito el bombero, yendo al bosque Fles a apagar un incendio cualquiera, se topó con un caracol. El caracol le dijo: “Joselito, Joselito, el fuego es uno de los cuatro elementos, así que no me seas elemento y no gastes el fuego”. Pero Joselito siguió su camino en busca de un incendio que apagar. ¡De pronto, dio con sus pies en un hormiguero! La hormiga madre le dijo: “Joselito, Joselito, el agua es uno de los cuatro elementos, así que no me seas elemento y no gastes el agua”. Pero Joselito siguió su camino en busca de un incendio cualquiera, para apagarlo. ¡De repente - TICO TICO TICO TICO -, oyó un ruido extraño! Era un pájaro carpintero. El pájaro carpintero le dijo: “Joselito, Joselito, la tierra es uno de los cuatro elementos, debe renoverse para volver a florecer, así que no me seas elemento y no guardes la tierra gastada”. Pero Joselito siguió su camino en busca de un fuego que apagar con agua para salvar la tierra gastada. Y así pasó, que el aire (el cuarto de los cuatro elementos) no pudo propagar su fuego por todo el bosque Fles, ya que el imbécil de Joselito se dedicó a apagar todos los frentes ardientes que el aire intentaba extender. Luego, a la noche, Joselito se fue a casa a dormir, tan tranquilo. Pero ahí no acaba la cosa. Los tres animales mágicos a los que Joselito no había hecho ni caso se unieron, formaron un clan asesino, y aún hoy, en las noches de focos del campo de fútbol encendidos, se puede ver a un caracol, una hormiga y un pájaro carpintero hablando en círculo, planeando la mejor de las maneras de asesinar al lelo de Joselito, quizás ahogándole, quizás quemándole en la hoguera, quizás enterrándole vivo, quizás haciéndole volar contra las rocas… - Uf, ya se han dormido… ¡menos mal! Me estaba quedando sin historia… - ¿Pero qué pasó, Gonzalo, cómo mataron al bombero idiota? - Cuando tengas cinco años te lo contaré antes de dormir. FIN19/01/2007 18:34 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Cuentos para dormir renacuajos No hay comentarios. Comentar. REFLEJOS RUTINARIOS![]() Justo en el momento en que Nuaj, con su mano izquierda, rozaba su barbilla con la brocha llena de espuma, sintió que su cuerpo desaparecía por la puerta del cuarto de baño; sus pies, tobillos y rodillas no obedecían su orden de quedarse quietos y así no había manera de afeitarse antes de ir al trabajo. Como en un sueño, supo que había llegado hasta la cocina y apagó el pitido de la cafetera. De pronto, reapareció frente al lavabo y pudo seguir con su aseo matutino. Odiaba tener que hacer siempre lo que a Juan le apetecía a cada instante. DE AHÍ SU APODO![]() El Saliva vivía en un árbol hueco del bosque Fles. Toda su vida fue un viajero errante, vagó de un sitio para otro sin echar raíces; había aprendido mil idiomas y conocía el sabor de las frutas de cualquier árbol; sin embargo, no fue hasta que llegó al bosque Fles cuando supo del verdadero amor, no de ese cosquilleo que sienten los adolescentes al agarrarse por la cintura en el baile de fin de curso, sino aquel amor que atraviesa las montañas como un túnel y serpentea los mares como un tiburón, aquel amor que no marchitan las rosas ni se distrae en el olvido cuando las cosas no marchan bien. El Saliva había conocido en el bosque Fles a Diadema, la ardilla más bonita que nadie pudo jamás contemplar, tenía los ojos de avellana, la boca de piñón y la voz de las Suprems. Se casaron en octubre ante la alegría de todos los animalitos del bosque Fles; habrían preferido casarse en primavera, pero la lechuza, el Juez Bernardito, no pudo darles otra fecha para la celebración. Con todo, fue un día mágico para El Saliva y Diadema, fueron dos amantes eternos y roedores incansables hasta que la muerte los separó. Por desgracia, Diadema no supo salir de un círculo de fuego que se creó durante uno de los inumerables incendios que sufrió el bosque Fles. El Saliva, por su parte, no podía dejar de ser una ardilla y, como bien sabéis, las ardillas no son unos animales que se distingan por su inteligencia ni por su valor, más bien son bobas y cobardicas, así que El Saliva corrió y corrió sin parar al oler el humo desde su cama y no se dio cuenta de que dejaba a Diadema dormida, pues no se acordó de despertarla; la dejó sola, dormida y sin posibilidad de escape. El entierro no fue por la Calle del Pescado, porque el Bosque Fles no tiene calles, sólo caminitos como el de Caperucita. Fue muy triste. El Saliva no paraba de llorar añorando esos días de azúcar que había vivido junto a su amada; las demás ardillitas y el resto de animalitos y bichos del bosque también lloraban echando de menos esos ojos avellana, esa boquita piñón y esa voz a lo Suprem. Todos lloraban. Todos excepto Diadema, que estaba muerta, y los muertos no lloran. El Saliva vivía en un árbol hueco del bosque Fles. Toda su vida fue un viajero errante persiguiendo una estrella, hasta que la encontró, sintió su calor y vio cómo se apagaba. Desde entonces, nuestro amigo ardilla se dedica a escupir (¡puaj, puaj y más puaj!) desde su árbol a todo el que se mueve, de ahí su apodo. - ¡Bieeennn, bieeennn! Jajajá, ¡qué bueno! ¿Nos lo cuentas otra vez? - No, ya es tarde, pero si os dormís ya mismo, mañana os cuento el Cuento de Bori el Hurón Meón. - Zzz, zzz, zzz… 29/01/2007 02:15 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Cuentos para dormir renacuajos Hay 3 comentarios. |