Cerrolaza |
|
|
Blog de Gonzalo López Cerrolaza
Temas
Archivos
Enlaces
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007. A BOCADOS![]() Distingo lo que quiero y lo conveniente dictado por nuevas corrientes; llanamente... importa poco ser resplandeciente o estar medio loco. - Sentirnos fuera de lugar, no vernos como ellos querían, las manos varían constantemente de lunar. No ha venido el coco ni el hombre del saco y muy raramente hay bajo la cama un susto del alma; claramente, ciertamente no mires al suelo que estoy en el cielo. Lentamente, sagazmente, los labios descubren lo poco corriente. - Divierte la forma en que te levantas, el modo en que me recuesto, trae la manta; desnudos sobran los bostezos; que me tienes loco; gerundios del cuerpo y las manos conversan sin decir ni pío a bocados. - Descubro dos lenguas que hablan mil idiomas, sin saber de la pausa de las comas, inconscientes. No busques fantasmas si no es en mi espalda a bocados; claramente, ciertamente, no ahorraremos besos ni amor gastaremos. Lentamente, sagazmente, los labios descubren lo poco corriente. El cuadro es de Jacqueline Klein PATAS DE GALLO![]() - Cuéntanos el del gallo Kiriko, porfa. - ¿El del Gallo Kiriko?, ¿otra vez? - ¡Siiiiiiiiiiiiií! - ¿Con el final bueno o con el final malo? - ¡Con el bueno, con el bueno! - ¡Ufff!, en fin... Ahí va...
¡POBRE GALLO KIRIKO! Era tan madrugador él... Cada mañana, al salir el sol, el gallo Kiriko despertaba a todos los animalitos del bosque Fles con su dulce canto: ¡KIKIRIKIIIIIIIIIIIIÍ! ¡Kikirikí!, ¡ains!, así los despertaba, aunque a veces le daba el punto y lo que cantaba era Shakira, contoneando todas sus plumas. Había que verle, el Gallo Kiriko, a sus treinta y nueve años de edad, bailoteando a lo Shakira. ¡POBRE GALLO KIRIKO! Pero llegó una mañana en que no despertó a nadie, su canto no se escuchó en el bosque Fles, se había ido de paseo a Toronto y no le dio tiempo a volver antes de que saliese el sol. Pero bueno, así era él, todo un aventurero. De camino a Toronto se encontró con una autoestopista asesina, la subió a sus lomos y la llevó hasta un motel. Allí... bueno... creo que la invitó a cenar un sanwich mixto. Ella quedó conmovida por la amabilidad de Kiriko y por sus ojitos de querubín y decidió dejar su vida de autoestopista. Siguió asesinando, eso sí, pero ahora, mientras disparaba a diestro y siniestro, además conducía una Harley. ¡POBRE GALLO KIRIKO! Ya en Toronto, por lo visto, el gallo Kiriko hizo nuevos amigos, luego los deshizo y se volvió para casa. Los animalitos del bosque Fles seguían durmiendo apaciblemente cuando oyeron un fuerte: ¡KIKIRIKIIIIIIIIIIIIÍ! Así que, con lágrimas en los ojos por el hijo pródigo, se vieron obligados a cogerle por el cuello y meterlo en el horno para que nos dejase dormir, con una pizca de limón, ¡je!, sólo dejaron las patas. ¡POBRE GALLO KIRIKO PUÑETERO! FIN
- ¡Biennnnnnnnnnnnnnnnn! ¡Otra vez, otra vez! - No no no, ahora a dormir, que si no mañana querréis comer alitas de pollo, y ya he puesto las lentejas en remojo. - ZZZzzz... 07/04/2007 23:34 Autor: Gonzalo López Cerrolaza. #. Tema: Cuentos para dormir renacuajos Hay 6 comentarios. LUCIÉRNAGAS![]() Un Camarón resplandeciente con la risa del viento y la cerveza como al mirarte pintando a carboncillo tus pisadas.
Un Camarón de foto amarillenta con el color azul de sus palabras manchando, levemente, tu comisura y tu barbilla.
Un Camarón sin voz ni cante hondo sin labios empañando la mampara frente a tu ducha dormida en albornoz bailando sueños tan pegados. Un Camarón por siempre entre cigarros humo y guitarras aquí, contigo y nuestro, ¿no las oyes? Luciérnagas en vela sin hacer el más mínimo ruido en esta noche.EL ALMA TORPE (El Lechero y el Diablo)![]() Fue una noche singular: nadie lo vio exactamente, pero saben que el lechero, harto de mil sueños rotos, se fue hasta el cementerio. Allí, con pala, a cavar hasta agrietarse las manos, hasta tocar los gusanos, hasta en el infierno dar. Llegó y firmó tres contratos con sangre y ojos de sal, mirando de frente al mal, al que temen los beatos. Uno para abastecer de leche la tierra toda; otro para merecer a la amante de su boda; y otro para no caer con su cántaro de nuevo - “que soñar es lo que quiero, ten mi alma, Lucifer” -. El diablo, sonriendo, que se fortaba las palmas pensando en la nueva alma blanca y limpia del lechero. Y tan contento iba él, saltando por sus infiernos, que no vio la piedra en medio y se cayó en un traspiés. |