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Blog de Gonzalo López Cerrolaza
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006. MORFOSINTAXIS DE AMOR Soy por ti enamorado, participio, soy siempre y todo tuyo, posesivo, y soy tuyísimo, superlativo, hasta mi final, desde tu principio. Escucha un momento, imperativo, soy lo que tú quieras, deseo soy de lo que deseas, contigo voy al fin del mundo, desiderativo. Ya no existe él, tercera persona, y ellas fueron olvidadas, pasado, sólo tú eres mi futuro, presente. Sabes que en verdad lo siento, perdona, pero siempre te querré, estoy colado, no es una frase, mi corazón no miente. FONOLOGÍA DE AMOR No me acordé de olvidarte, no me olvidé de quererte, yo nunca quise dejarte y nunca dejé de verte. Te vi pasar por la acera fría y gris como el acero, sé que eras mi primavera y que no soy el primero. Sueño que sueñas conmigo, contigo sueño que sueño, me desatina el destino y deseo tu deseo. Me tientas, me tienes jugando con los fonemas, me matas, me sanas, me alegras y ¡ay! me apenas. No me acordé de olvidarte, no me olvidé de quererte, yo nunca quise dejarte y nunca dejé de verte. Te vi subir la escalera cual caracol retorcida; yo me bajo a las galeras: remos tan sólo de ida. Odio querete y no puedo querer odiarte, y lo intento, pude no amarte y no quise, intenté parar el tiempo. Me tientas, me tienes jugando con los fonemas, me matas, me sanas, me alegras y ¡ay! me apenas.EL UNDOSTRÉS Y EL VENGAVÁ![]() El undostrés se le metió en la cabeza y comenzó a saltar y a botar haciendo eco en cada toque de cerebro. El undostrés jugaba, tan sólo jugaba, nunca pensó que sus saltos y sus botecitos tuviesen una respuesta. El hombre, serio como un día nublado y tímido como quien sale del hospital, lo notaba, notaba que algo pasaba en su cabeza, oía el eco y los "pom pom pom" retumbando dentro de sí, diciéndole: “un, dos, tres, un, dos, tres”. Y aprendió a contar con los dedos de la mano, mas no con todos, sino con el pulgar, el índice y el corazón. El vengavá se unió a la fiesta. Era todo un juerguista el vengavá. Le gustaban las discos y los baretos prohibidos, de ésos en los que no se sale hasta que sale el sol. El vengavá se le metió en la cabeza, estaba oscuro y tuvo que agarrar una neurona y prenderla a modo de antorcha para poder divisar el camino. Y lo divisó. Llegó a la pista de baile y se unió al undostrés. Empujones, risas, bailoteo y pachangueo. Todo era divertido en ese local. Pero no se daban cuenta de que su baile tendría una respuesta. El hombre, cansado como las once de la noche y lento como el parpadeo del café, lo notaba, notaba que había música en su cabeza, oía retumbar el cielo de su cráneo: “pom pom pom”, diciéndole: “venga, va, venga, va”. Y llegó hasta el cinco. Ahora sabía contar hasta cinco. Ahora le servían de algo el anular y el meñique. Ahora tenía el mundo a sus pies. Ahora ya era mayor, incluso, cualquiera que se cruzase con él por la calle, habría sido capaz de echarle unos tres años. Sí, ahora Carlitos ya era mayor, y sabía contar hasta cinco.
® Gonzalo López Cerrolaza, 2005 COMO BOLA POR TRONERA![]() Caía como bola por tronera, saltaba igual que una pluma hacia el cielo, las nubes entonadas, suave velo, mataban, poco a poco, su quimera. Un joven de adolescencia implacable, de gritos y barba infantil naciente, callado, la mirada reluciente, austero, pensamiento inflanqueable. Corría como James Dean con cigarro en la boca, chupando la vida toda; tosía, ni un invierno sin catarro sin toses ni sin su noche beoda; decía, la garganta en un desgarro, la muerte será la novia en mi boda.® Gonzalo López Cerrolaza, Agosto 2006 |