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Blog de Gonzalo López Cerrolaza
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2005. YA NOS VALE Ya tenemos sitio donde iry barcas para andar; tenemos ramos de claveles y labios de agua de barro; ya tenemos más de tres por tres y siete por veintiuno; tenemos calendarios en blanco y relojes sin cuerda; ya tenemos tapones para los oídos y hamburguesas que matan los gritos de hambre, tenemos paredes insonorizadas y golpes de vecinos que se apagan subiendo la tele o el mp3; ya tenemos teléfonos de urgencias sin prisas ni malos humos, tenemos agentes de azul para los morados de andar por casa; ya tenemos insomnio con pastillas y pastillas para el insomnio y las conversaciones graves sobre las sábanas; ya tenemos dientes de plástico para morder al que te quite el sitio en el metro y silbar a quien no escuchará, porque sólo aprendemos a oír; ya tenemos bailes de salón en deportivas y camareros atletas encorchados y tenemos tema y la antena siempre puesta en los demás; ya tenemos dinero para tener y bolsas para tener y tenedores de plata para pinchar lo que tenemos; tenemos un globo y azafrán en las narices y pinzas para unas cejas sin requesón de postre; ya tenemos aire en lata, píldoras de aceite y vinagre en las entrañas; ya tenemos cableada la ciudad. Y tenemos, sólo de vez en cuando, que dejar de lado el amor, el desamor y la muerte, para pararnos a mirar la poesía que nos falta en la vida que hoy, ya mismo, tenemos. LA IMPORTANCIA DEL FELDESPATO![]() Eva Fel camina despacio. El calor cae hasta acariciar su frente en un baile de playa y arena que hace olvidar la siesta. Las huellas de sus pies no aguantan mucho tiempo el vaivén de las olas. De pronto, un perro le ladra moviendo la cola y, detrás, Él, ni muy bajo ni muy colorado, pero el demonio al fin. Sí, es el demonio en toda regla. "Hola, Eva, le has gustado a mi perro y no es de los que se encariñan con cualquiera, te regalo esta manzana". Roja, jugosa, brillante, Eva muerde el fruto sin pensárselo dos veces para caer rendida en un desmayo. El paseante de canes desaparece en un plisplás y medio tris. Los bañistas siguen soltando cartas, untándose cremas, leyendo, jugando con la arena... ninguno ve a Eva en la orilla, sólo las olas se ocupan de mecerla. Adán Despato corre por la orilla. La lluvia baja y sube hasta tocar el horizonte iluminado por los últimos rayos de sol. Su sombra se separa intermitente de su cuerpo ante la risa de las conchas. De pronto, un perro le ladra moviendo la cola y, detrás, Él, ni mucho tridente ni muchos cuernos, pero el demonio al fin. "Hola, Adán, no le haces gracia a mi perro y no es de los que se llevan mal con cualquiera, le daré una de tus costillas para cenar". Sangre, goteo, densidad, Adán maúlla de dolor hasta caer aturdido en un desmayo. El paseante de canes desaparece en un plisplás y medio tris. Los amantes siguen soltando besos, untándose caricias, leyendo labios, jugando con la arena... ninguno ve a Adán en la orilla, sólo las olas se ocupan de mecerlo. Eva y Adán, quizás soñando, quizás en su paraíso, seguramente inducidos por el paseante de canes, el demonio al fin, descubren unidos en un abrazo la importancia del feldespato. DIEGUITO En respuesta a su soneto Con el alma desnudaSobre el tacto de folios bajo el agua, sostenida del cielo una gaviota, nos dejas la belleza de tu nota que sacas de debajo de una enagua. Sostiene sal tu mar, ¡abracadabra!, por ver, cuando del cielo una flor brota, mujeres, de la reina hasta la sota, desnudas, vestidas con tu palabra. Así, de arena y sal, de carne y boca, de manos enlazadas a una pluma, tu ser abraza el alma, hasta su roca, e impide que tu verso se consuma. Y yo te escribo hoy porque me toca al punto que tu voz se vuelve bruma. |