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Blog de Gonzalo López Cerrolaza

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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2004.

Sobre Cerrolaza y Cerrolatas

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Cerrolatas es quien creó este blog de Gonzalo López Cerrolaza a partir de la idea de un niño de nueve años (al que le gusta secuestrar piruletas) y un chaval amarillo (empepinado en sacar el jugo de las olivas de Marcelino y jugar con las olas del mar). Gracias a su idea y al encuentro fortuito con una representante robamedallas, un filósofo fumador de tabaco de liar, un modelo playero y un gran escritor fugitivo sobre quien recaen tres perpetuas por asalto a mano alzada (alzaba una mano mientras robaba con la otra) en varias panaderías - "tenía que comer", alegó siempre, "y mi abogado la pifió" -, Cerrolatas decidió llevar a cabo esta página para dar a conocer a su escritor preferido, Gonzalo.
05/12/2004 17:57 #. No hay comentarios. Comentar.

¡Que no se os escapen los sueños XVII

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Llegando a los cielos con los pies en la maceta, yo también tengo mi fórmula secreta. La Cocacola siempre es igual, yo a veces tampoco puedo cambiar. Ya no quiero más tener buena suerte, abrázame fuerte y hazme volar, hazme reír, hazme llorar. Reír y llorar. Kiko Veneno.

Como las cosas malas de esta vida provienen siempre del cielo, he guardado mi fórmula secreta en lugar seguro. Pasé muchos años buscándola, pidiendo subvenciones al Estado y los amigos y contando a todos que seguía con ello, que estaba experimentando con todo tipo de mecheros de colores y que eran siempre colores lisos, pues, en los comienzos, utilizaba también los de dibujitos, pero me despistaba con las flores, las manchas de vaca, las de cebra, las letras de direcciones de bancos y estancos, los teléfonos de bares a los que llamaba y nadie me conocía, lo que era extraño, porque ¿quién da su número de teléfono a un desconocido?, etcétera. Explicaba que por eso comencé a usar solamente mecheros lisos, verdes, rojos, azules, amarillos y, en su defecto, blancos y que, sin embargo, al cabo de meses y meses de investigación científica, planteando el problema, muy relevante, por cierto, aunque con claras dificultades de resolución; revisando libros y más libros, archivos, legajos…; formulando hipótesis, de las de generalizar, que si no, ¿para qué andaba yo echándole tantas horas a los vientos?; comprando un recogedor nuevo para barrer los datos que fuesen saliendo en forma de variables, muestra, diseño…; analizando datos para, posteriormente, contrastar; extrayendo las conclusiones. Al cabo de unos meses, decía, me di cuenta de que hasta el último paso todo iba siempre bien, excepto una explosión de nada -que no se debe mezclar nunca un ácido con una base lo sabe todo el mundo, pero también todos sabemos que el tabaco mata y, como nos produce gran placer transgredir, fumamos-, llagas por las quemaduras en los dedos y alguna que otra cosilla, todo iba siempre viento en popa (o en proa si quieres dar marcha atrás), pero que llegando a las conclusiones todo se iba al carajo. ¿El trabajo de un mes o dos? Al carajo. ¿El dinero pedido a los amigos para subsistir ese tiempo? Al carajo. ¿Mi relación sentimental, con otro par aburrido de no tener a nadie que le abrazase por las noches ni por los días? Al carajo. ¿Yo? A tomarme un carajillo de fiado en el bar de Carlos. Y todo ello con razón, admitía.

Resulta duro admitir los errores, más aún cuando son errores que se repiten en el tiempo. No llega a ser humillante, pero tampoco es de sabios, como cuentan por ahí. De sabios es no equivocarse demasiado. Pero yo llevaba ya cuatro años y seis meses buscando mi fórmula secreta, contaba, y nada de nada. “¿Y para qué es esa fórmula?”, me preguntaban, al principio, mis amigos, y cuando ya no me quedaban amigos - pedir dinero prestado y no devolverlo no es la correcta manera de mantener las amistades -, me lo preguntaban por la calle, que después de la pequeña explosión me hice famosillo. Sí, como lo leéis, famosillo, como esos personajes que salen en la tele contando que han hecho estupideces y soltando sandeces por sus enormes bocas y de los que viven, y muy bien, los caraduras televisivos (más bien, telesoides) de la prensa color Espinete. Pues así, la gente del barrio me conocía, bien como el Loco-bombas, o bien como el héroe que salvó al barrio del nuevo McDonnals - con mis mayores respetos hacia el Pato. Yo a todos les contestaba lo mismo: “Es secreta”. Y se quedaban tan contentos, los panolis, “secreta ¡eh!, ¡ah!”, era la frase más veces elegida para su respuesta a mi respuesta, o “¿eh?, ¡ah! Claro, claro, fórmula secreta, jejé”. Yo los llamaba los Ehahs, onomatopéyicamente hablando, claro. Literalmente los llamaba imbéciles. ¿Es que nadie se daba cuenta de que me pasaba el día durmiendo o fumando? ¡Qué formula secreta ni qué giraldas! Lo único que quería era la pasta para sobrevivir.

Cada uno tiene su manera de sobrevivir, de llevar la vida mal que bien. Y, como cantase ya Don Kiko: “Yo también tengo mi fórmula secreta”.

© Gonzalo López Cerrolaza

¡Que no se os escapen los sueños! XVI

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Como las cosas malas de esta vida provienen siempre del cielo, escuché la voz de mi pareja desde el piso de abajo. Sus jadeos llegaron de arriba, del dormitorio, estaba con otro tipo. Al verme en la puerta, mirándolos, callado, se quedó inmóvil. El tipo cogió su ropa desperdigada por el suelo y salió de la habitación y luego de la casa con el rabo entre las piernas. Ella estaba tan bonita, desnuda, despeinada, sudorosa, caliente, que no pude resistirme y le hice el amor con frenesí.

Encendí un cigarrillo. No dije nada. Ella tampoco. Disfrutamos el momento como si nada hubiera pasado, sólo aquel magnífico instante de pasión desenfrenada que hacía años teníamos a diario y que se había ido apagando como una vela se consume por el paso del tiempo. Acabado el pitillo le dije: “Gracias, cariño, me has devuelto a la vida”. Y ella me respondió: “Lo sé, lo he notado, amor”.

A veces hay que bajar del cielo para subir a la tierra. A veces hay que odiar para volver a amar.

© Gonzalo López Cerrolaza

AMORES DE CHAT

fobiapc.jpgCené con Doña Tecla, la amante del teclado,
se quitó la rebeca mirando hacia otro lado,
me dijo suavemente: “quiero que me teclees”,
y la besé un buen rato, así como lo lees.
Pantallas con ventanas que muestran cuando esconden
más que un día sin niebla y nunca me responden
¿qué coño es lo que busco, qué encuentro y qué ya tengo?,
si todo está tranquilo, ¿por qué me voy y vengo?

Los ajos se repiten, son un disco rallado,
sus voces me transmiten que mi sueño ha volado
contigo, con mis manos. Tan guapa, no me esperes
que no quiero esperanzas, pues sé que no me quieres.
Amanece apagado, pc de Steve Wonder,
que, ciego, de un bocado, la nocilla se come;
¿Sabes?, te sigo amando, juego con la Nintendo
mientras pienso tus labios y a ellos voy corriendo.

Comí con Mini Mouse*, la novia del ratón,
que tiene un guante blanco y roba el corazón
de los que nos quedamos mirándola beatos,
es madre que no cose, y amante de mil gatos.
Un Linux que no es Windows me dijo que existía,
se me quedó colgado, perdí mi biografía.
Busco en las papeleras las letras de canciones
que nunca escribí a boli y perdí a pares o nones.

Me duele la cabeza de haberte conocido,
dijiste “sólo sexo” y me doy por vencido,
no quiero que me cuentes un cuento tras los besos,
he quedado con otra y no estoy para excesos.
Además, dulce Alicia, ¿país de maravillas?
puedes irte tú sola, que no me hace cosquillas,
que ya tengo bastante con pensarme solito
historias de un tal Dickens, y más no solicito.

Dame el bicarbonato y el zumo de cebada
para seguir pensando que no ha pasado nada.
La nada no lo es todo, ni el todo es poderoso,
ni el poder de los osos es nada si te evoco.
Pondré un rato el Emule que quiero ser pirata,
la vecina no sube, quizá estiró la pata,
quizá sigue soñando que nunca despertó,
como esa cenicienta que descalza me amó,
una bella durmiente más que una bestia ronca,
se comió una manzana y armó una buena bronca,
sé que iba colocada del fruto colorado,
¿romper de una patada un espejo dorado?
Pepito Grillo vino a repartir buen vino
y dar en el pescuezo al hijo del padrino,
la novia se ha fugado con la pasión fugaz
que siente por un preso fugado de Alcatraz.

Besé a Emilia un segundo y estoy desayunado,
a veces amo el mundo, no siempre demasiado,
odio los pegamentos que no pegan la piel
que no quieren juntarme a tus labios de miel.
Las cartas que me escribes: faltas de ortografía,
reenvíos de otros hombres, la virus de María,
ésa que no perdona que me fuese contigo,
pero ya, al fin y al cabo, te digo como amigo
que lo que le molesta de toda nuestra historia
es que le dabas vueltas como gira una noria,
pensaba que algo había y algo quedó en su mente,
no sé, que la querías. Eres sobresaliente,
matrícula de honor, que cantaban Tequila,
de lo soso el sabor. Y tú por mí tranquila
cuando te vas de viaje, que no sufro abstinencia,
y no hago mi equipaje, ni muero por tu ausencia.

Me puse ayer a dieta, seguro que algo engordo,
ya paro de escribirte, me estoy quedando sordo
de oír de mis amores y leerte la vida,
¿nos vamos a la cama?, comienza otra partida.

* Léase como se escribe.
17/12/2004 11:38 #. Tema: Poesías Hay 4 comentarios.

VIVIR SIN PECADO

pecados capitales2.jpgNi lujuria, ni gula, ni pereza,
¿qué me queda, entonces, en esta vida?,
¿la soledad?, ¿el hambre?, ¿la pobreza?,
¿un alma muerta o, si no muerta, herida?

Queda sólo, lo digo con franqueza,
una etapa en la vida descosida
que aguarda, como zorro en la maleza,
pecados que la dejen bien zurcida.

Una etapa en la vida desganada
que duerme con los ojos bien cerrados
y de día permanece tumbada,

pues está enferma y está desvencijada,
con mal presente, con buenos pasados
y un futuro del que no espera nada.

(Del libro Hecho a mano)
18/12/2004 11:32 #. Tema: Poesías Hay 3 comentarios.

QUITAPENAS

Gardel-Esperame11.jpgDetesto ser capaz de hacerte daño,
habita en mí la sal de los terrones
de azúcar, la maldad sin intención.

No es cierto que sabré saltarme el muro
de carne y de ternura levantado.
Quisiera detener todas las horas.

Antaño decidí aprenderlo todo
teniendo un clavel entre los dientes,
bailando, me abracé a un tango de rubia
mirada de un azul mayor que el rayo.

Descubrí que al final no había túnel,
que son más negros que el carbón los grises,
quien domina es el único que juega,
el resto somos sólo una canción.
No vale, apostaste con mis cartas;
dos ases no dejan de ser dibujos
pintando hacia la muerte del deseo.

¡Lector! Admire este tocadiscos
en vida, que viviente soy un baile.
Escuchan, son los únicos que sueñan
teniendo un clavel entre sus dientes,
los tangos de Gardel quitan las penas.
23/12/2004 10:03 #. Tema: Poesías Hay 4 comentarios.

¡Que no se os escapen los sueños! XX

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Como las cosas malas de esta vida provienen siempre del cielo, los dos tipejos de verde que me pararon el otro día en la carretera debían ser ángeles. ¡Menudo par de dos! “Enséñenos su carnet”, “iba usted muy deprisa”, “le va a caer una buena”… Una buena… ¡una buena tunda les hubiese dado yo a ellos!, pero no podía, estaba ya ocupado en poner en marcha el coche y salir disparado como alma que lleva el diablo (quien, por cierto, dicen que también viene del cielo). Subieron a su coche e intentaron seguirme. No les fue posible. Soy rápido, mucho. Escapé y reí a carcajadas por la cara que se les quedó cuando arranqué el auto, joé, debieron pensar que era Mad Max. Capullos.

Al día siguiente llamaron a la puerta dos hombres que parecían sapos. El resto para qué contarlo. Ahora no tengo ni carnet, ni coche, ni dinero para pagar la multa que me cayó por peliculero.


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