Blogia

Cerrolaza

UNE LOS PUNTOS

UNE LOS PUNTOS

Servida la mesa

de cartón y de conchas de mar,

la orilla te besa

tan ardiente tu espalda hacia la libertad,

desnuda (te pesa

la más fina tela cuando vas a amar),

caricias de fresa

repartidas en mi azar,

el aire se espesa…

 

Y porque nos sentimos cerca

como una lágrima en el mar,

dejamos los labios sellados

- nunca los voy a separar -

y porque abrazamos tinieblas,

pensamientos de callar,

nos sabemos enamorados

dejando la vida pasar.

 

Mis dos manos van juntando

todos los lunares que muestra tu piel:

me voy dibujando…

 

Ya desayunando

divisas cometas de niños de ayer,

yo sigo roncando

tus dedos se pinchan, barba de papel;

abro las pestañas

y aparece un mundo al verte sonreír;

mi boca destapas,

balanceos del ir y venir,

la brisa se marcha…

 

Y porque nos sentimos cerca

como una lágrima en el mar,

dejamos los labios sellados

- nunca los voy a separar -

y porque me abraza tu lengua,

te acaricia mi mirar,

nos sabemos enamorados

bebiendo la vida al pasar.

 

Tus dos manos van juntando

todos los lunares que muestra mi piel:

te vas dibujando…

COMO BOLA POR TRONERA

COMO BOLA POR TRONERA

Caía como bola por tronera,

saltaba igual que una pluma hacia el cielo,

las nubes entonadas, suave velo,

mataban, poco a poco, su quimera.

Un joven de adolescencia implacable,

de gritos y barba infantil naciente,

callado, la mirada reluciente,

austero, pensamiento inflanqueable.

Corría como James Dean con cigarro

en la boca, chupando la vida toda;

tosía, ni un invierno sin catarro

sin toses ni sin su noche beoda;

decía, la garganta en un desgarro,

la muerte será la novia en mi boda.

® Gonzalo López Cerrolaza, Agosto 2006

EL UNDOSTRÉS Y EL VENGAVÁ

EL UNDOSTRÉS Y EL VENGAVÁ

El undostrés se le metió en la cabeza y comenzó a saltar y a botar haciendo eco en cada toque de cerebro. El undostrés jugaba, tan sólo jugaba, nunca pensó que sus saltos y sus botecitos tuviesen una respuesta. El hombre, serio como un día nublado y tímido como quien sale del hospital, lo notaba, notaba que algo pasaba en su cabeza, oía el eco y los "pom pom pom" retumbando dentro de sí, diciéndole: “un, dos, tres, un, dos, tres”. Y aprendió a contar con los dedos de la mano, mas no con todos, sino con el pulgar, el índice y el corazón.

 

El vengavá se unió a la fiesta. Era todo un juerguista el vengavá. Le gustaban las discos y los baretos prohibidos, de ésos en los que no se sale hasta que sale el sol. El vengavá se le metió en la cabeza, estaba oscuro y tuvo que agarrar una neurona y prenderla a modo de antorcha para poder divisar el camino. Y lo divisó. Llegó a la pista de baile y se unió al undostrés. Empujones, risas, bailoteo y pachangueo. Todo era divertido en ese local. Pero no se daban cuenta de que su baile tendría una respuesta. El hombre, cansado como las once de la noche y lento como el parpadeo del café, lo notaba, notaba que había música en su cabeza, oía retumbar el cielo de su cráneo: “pom pom pom”, diciéndole: “venga, va, venga, va”. Y llegó hasta el cinco. Ahora sabía contar hasta cinco. Ahora le servían de algo el anular y el meñique. Ahora tenía el mundo a sus pies. Ahora ya era mayor, incluso, cualquiera que se cruzase con él por la calle, habría sido capaz de echarle unos tres años. Sí, ahora Carlitos ya era mayor, y sabía contar hasta cinco.

 

 

® Gonzalo López Cerrolaza, 2005

FONOLOGÍA DE AMOR

FONOLOGÍA DE AMOR

 

No me acordé de olvidarte,

no me olvidé de quererte,

yo nunca quise dejarte

y nunca dejé de verte.

 

Te vi pasar por la acera

fría y gris como el acero,

sé que eras mi primavera

y que no soy el primero.

 

Sueño que sueñas conmigo,

contigo sueño que sueño,

me desatina el destino

y deseo tu deseo.

 

Me tientas, me tienes

jugando con los fonemas,

me matas, me sanas,

me alegras y ¡ay! me apenas.

 

No me acordé de olvidarte,

no me olvidé de quererte,

yo nunca quise dejarte

y nunca dejé de verte.

 

Te vi subir la escalera

cual caracol retorcida;

yo me bajo a las galeras:

remos tan sólo de ida.

 

Odio querete y no puedo

querer odiarte, y lo intento,

pude no amarte y no quise,

intenté parar el tiempo.

 

Me tientas, me tienes

jugando con los fonemas,

me matas, me sanas,

me alegras y ¡ay! me apenas. 

MORFOSINTAXIS DE AMOR

MORFOSINTAXIS DE AMOR

 

Soy por ti enamorado, participio,

soy siempre y todo tuyo, posesivo,

y soy tuyísimo, superlativo,

hasta mi final, desde tu principio.

 

Escucha un momento, imperativo,

soy lo que tú quieras, deseo soy

de lo que deseas, contigo voy

al fin del mundo, desiderativo.

 

Ya no existe él, tercera persona,

y ellas fueron olvidadas, pasado,

sólo tú eres mi futuro, presente.

 

Sabes que en verdad lo siento, perdona,

pero siempre te querré, estoy colado,

no es una frase, mi corazón no miente.

LOS VERDADEROS CUENTOS EN VERSO

LOS VERDADEROS CUENTOS EN VERSO

CAPERU

 

Un día Caperucita,

con su carita bonita

y esos ojos de angelita,

yendo por un caminito

se encontró con un lobito

y lo devoró enterito.

 

BLANQUITANIEVES

 

- Cómete esta manzanita.

- Cómetela tú, mamita,

pues me dijo el espejito

que tengo muy buen culito,

pero no debo engordar

o me voy a estropear.

 

TRES CERDITOS CERDOS

 

Entraron como tres osos

en la casita del lobo,

le estamparon una silla

y el lobo chilla que chilla:

- ¡Qué paliza me están dando!

¡yo me voy de aquí volando!

Y le okuparon la casa,

menudos cerdos, ¡qué guasa!

 

PEDRO PAN

 

- ¡Qué buena está Campanilla!

¡Es que es una maravilla!

Garfio la quiso casar

con un niñito perdido,

pero ella dijo: "ni hablar,

no me seas tan membrillo.

Yo prefiero a Pedro Pan,

que es un Brad Pitt chiquitillo".

 

LA LECHERA

 

Casas, coches deportivos,

piscina climatizada,

no necesito ni un hada

madrina, que voy sobrada.

 

Vino tinto gran reserva,

reservaré cien entradas

para la Ópera más cara,

porque a mí me da la gana.

 

Y compraré restaurantes,

joyas miles y diamantes,

collares, muchos collares

y quizás me compre un yate.

 

¡Ay, qué piedra más tontuna!

¡Vaya leche que me he dado!

contra el suelo, contra el pozo,

mi sueño se ha derramado. 

DIÁLOGO AHUMADO

DIÁLOGO AHUMADO

- ¡Ey, Rubiales!, ¿cómo andas?

- Buenas, Negrín.

- ¿Tienes dedos?

- Claro, aquí tienes. ¿Me das uno?

- ¿Cómo no? Toma.

...

- ¿Viste lo de Guadalajara?

- Sí, pero me enteré unas semanas después, estuve de maquineo por Valencia.

- ¿Te me has vuelto makinero?

- Pss..., por obligación, te lían te lían y no hay quien diga que no al baile y al chunda-chunda, tronco.

- A mí me gustan los Leño, son más auténticos.

- Ya ves, de estanco, de lo bueno de toda la vida.

...

- Pues cuentan que no fue culpable ninguno de los nuestros.

- ¿Culpable de qué?

- Del incendio manchego.

- Si es que todo el mundo piensa que somos unos pirómanos, que disfrutamos con las cerillas, joé, ni que fuésemos unos chamanes indios amantes de la danza del fuego. Nos tienen excluidos y hacen con nosotros lo que les viene en gana con el tópico ése de que somos asesinos.

- Ya te digo, el otro día casi me ahogan a base de extintor, un loco, que se puso a lanzar chorros y chorros de algodón gomoso, y yo, claro, pensaba que era por mí, pero no, luego me di cuenta de que una lámpara encendida se había caído y había prendido unas cortinas que estaban al lado mío, como el jefe me deja tirado en cualquier sitio...

- Peor fue lo mío: estaba en Barajas, ¿no?, y el vuelo que se retrasa más de media hora, de pronto, cuelgan el cartel de “retraso” en el vuelo WR147, que era el mío, en los marcadores amarillos de los techos y pienso: “ya está liada”. Pues tres horitas que me tuvieron en un cuadrado de menos de dos metros, con el aspersor ése que me llamaba todo el rato, joé, parecían las sirenas de la Odisea. En fin... qué te voy a contar que no sepas... ¿Entramos ahí a tomar unas cañitas?

- Vale, espera que apago el humano.

Sólo es rocanrol

Sólo es rocanrol

La cafetera pitando entusiasmada

al ritmo de los que piden y piden,

los bollos, los cafés y las tostadas

agujas del reloj que siempre siguen

y no descansan nunca, ni se paran

por dar descanso a un cuerpo, unos zapatos

de pies de una mujer que aún es muchacha. 

 Y es un rocanrol...

 Parece no llegar el treinta y uno,

el cobro, toa la tela, sobre y chapas,

parece que se alargan doce horas

al día y que se acortan, por la espalda,

las otras, las que quedan al descanso;

semanas, meses, historias de barra.

Sólo es rocanrol...

DE LA CABEZA A LOS PIES

DE LA CABEZA A LOS PIES

Eche un piñón, dos almendras,

media cáscara de huevo,

una avellana y dos pepitas de sandía.

Ya tenemos su boquita,

los ojos - elija el licor que coloree las almendras a su gusto -,

la nariz y los lunares

y, del huevo, la barbilla;

receta de una mujer

de la cabeza a los pies.

 

Machaque pelos de un coco

con cáscara de melón,

teñiremos su cabello

con yema de huevo al sol,

o bien con pimienta negra

o con rojo pimentón.

 

Eche tres plumas de cisne

que, suaves, crearán su cuello,

desmenuce un aguacate

para el tacto de sus hombros;

los brazos, los antebrazos

se harán con masa de plátano

y fresón.

¡ay, las palmas de sus manos!:

mandarinas y papayas;

 y la piel se hará de aceite…

mmm... de girasol.

 

Los pechos se harán al gusto,

pero no podrá faltar

el sabor de las cerezas

ni el azúcar de un helado

de turrón.

El ombligo es cosa fácil:

una rosquilla de anís,

diminuta, agazapada,

temblando para no desmenuzarse,

como esperando la nieve de enero.

Receta de una mujer

de la cabeza a los pies.

 

Use luego la ternura

de un buen cordero lechal,

tendremos los firmes muslos;

¿las rodillas? Eche un par

de níscalos maduritos;

¿los tobillos? Ponga huesos

de melocotones rojos

con su piel tan fina y tersa

alrededor;

La dorada es por su carne,

firme, blandita a la vez,

tendremos ya los gemelos;

sólo nos faltan los pies

- y no, estimado lector,

aquí no hablaré del queso

de Roquefort -,

los pies se harán horneando

dos berenjenas sin piel,

una pizca de limón

y sémola de maíz;

receta de una mujer

de la cabeza a los pies.

 

Me dirán: “¿y el corazón?”,

miga de pan de chapata,

aunque falta ese toque de locura,

esa enorme sensatez,

esa fuerza de diamante

y esa mirada que mata

y, a la vez, te hace vivir.

Eso, estimado lector,

debe ser una gran secreto

guardado por abuelitas,

como mapa de tesoro

de corsarios y piratas,

porque no encontré receta

que componga a una mujer…

de la cabeza a los pies;

y, sin embargo, encontré

una mujer a mi lado,

que completa mi receta,

y que cocina en mi cuerpo

sólo con pensar en ella,

el sentir que soy feliz

y el saber que estoy completo,

de la cabeza

a los pies.

EL COLOR DE LA NIEVE

Por si alguien lo duda, la nieve suele ser blanca, como la leche y los espárragos (los espárragos blancos, no lso espárragos trigueros). Como las neveras blancas y las paredes blancas y como todas las cosas blancas, sobre todo, las cosas blancas como la nieve. 

A LA ORILLA DE LA MEZQUITA

A LA ORILLA DE LA MEZQUITA

Miri Las se sienta en la orilla de la Mezquita, aquel inmenso tiburón que siempre dice un treintaytrés ante las cámaras. Quizás sonríe - piensa Miriam - porque ha cumplido un siglo más sin que las guerras lo despojen de sus ropas de piedra, ni lo violenten extraños seres verdosos disfrazados de humano. Miriam siente el aire a bocanadas en su pecho cuando descansa sus piernas allí, cada semana. Sus piernas, ¡cuánto castigo acumulado en dos trozos de carne y piel!, ¡cuántas lágrimas de seda cayendo hasta sus pies! Nunca se han quejado. Son dos piernas bien educadas, y bonitas.

 

Nico Am se estira en la cama levantando los dos brazos al techo, al nacer un nuevo domingo anaranjado; mientras, su mirada se despereza saltando de su ventana a la visión de la Mezquita, aquella vela enmascarada de ternura y de agua que suelta llamas a las nubes. Quizás escupe calor - observa Nicolás - porque desea chimeneas de besos cuando el amanecer se disfraza de mujer y un susurro de ternura le tumba los brazos. Sus brazos, ¡qué dos amigos y hermanos!, ¡cuántos tatuajes de heridas bailando al compás de sus lunares! Jamás dijeron esta mano es mía ni estos dedos suman doce. Son dos brazos bien acostrumbrados, y amables.

 

Isa Fer acaricia las hojas desgastadas, casi otoñales ya, de su novela preferida, herencia de herencia del regalo de un amante. Junto a ella, los muros eternos de la Mezquita. Paredes de cánticos agazapadas bajo una luna amarilla pegada al techo violeta de Córdoba. ¡Cuánto amor contenido entre sus dedos! Doscientas treinta y seis páginas llenas de líneas horizontales que sustentan el único recuerdo alegre que conserva de su madre: “es para ti, y antes fue de tu abuela, se lo regaló su primer amor, su verdadero amor, unos meses antes de que se casase con tu abuelo”, después una mueca de nostalgia, después dos ojos soñadores de una niña, y luego el masaje de unos dedos sobre el papel. ¡Cuántas huellas dejadas sobre lo que nunca se imprimió!, ¡cuánto esfuerzo repasando una dedicatoria de amor a la sombra de un edificio que baila valses con el viento! En ningún momento soltaron un crujido señalando una parada. Son diez dedos con buen tacto, y sensibles.

 

Nando Bel porta una niña por brazo. Sus pequeñas hablan sin parar y endulzan un aire pálido e inmóvil, como alabando el oficio del mimo. “¡Qué bonita!”, corean al unísono, y bajan de sus brazos para tocar con sus manitas la Historia, los siglos que no inventan. Fernando no mira la Mezquita, dirige sus ojos a sus hijas con el orgullo de saberse afortunado y la esperanza de volver cada año, mientras pueda, a recordar junto a ellas a su querida esposa, como ella le pidió antes de que esa sábana de hospital dejase de arroparla. ¡Cuántas lágrimas perdieron sus ojos!, ¡cuánto la recuerda cuando ve a sus peques corretear bajo esa red de rombos! Sus ojos no pestañearon en absoluto. Son dos ojos de miel de caña bien entrenados, y penetrantes.

 

Una cámara sigue haciendo fotos, pero no a la Mezquita, que van a borrarla con tanto flash y clic-clac repetido. El otro, el que observa callado tras el objetivo, disfruta al advertir, bajo toda esa belleza construída, los paisajes de unas vidas exclusivas y entrelazadas por un lugar en una mañana de domingo. El otro concluye, tras su visita turística, que la Mezquita es penetrante, sensible, amable y, como dirá Anita, la hijita de mi amigo Pablo cuando éste la lleve hasta allí: “bonita”.

LA CABEZA LLENA DE PÁJAROS

LA CABEZA LLENA DE PÁJAROS

No es que fuera un soñador, pero tenía la cabeza llena de pájaros. Literalmente. De sus cabellos se agarraban las patas de dos canarios, un ruiseñor y un cuervo; además, revoloteaban a su alrededor varias palomas grises y tres urracas. Ángel, que así se llamaba el hombre-nido, guardaba bajo sus cejas, bajo manchas de cagadas, plumas y picotazos, una mirada intensa, llena de odio y frustación. Los odiaba, a todos, aborrecía sus graznidos, sus gorjeos y piares; odiaba el batir de sus alas y sus patitas pinzadas a su pelo; y se sentía frustado, mucho, ya que nunca consiguió deshacerse de ellos. Se volvió insomne, pasaba las noches en vela ideando tácticas de batalla contra sus celestes inquilinos. Sin embargo, cuando ya hubo intentado todo para que se fueran lejos, al mismísimo infierno, desistió. Lo más que logró fue que migrasen unos meses, entre los seis y los siete años y los doce y trece, pero siempre volvían en primavera para convertir la vida de Ángel en el más triste de los otoños.

Pasados los peores momentos: la infancia sin amigos, la adolescencia sin amigas, la universidad sin beca de estudios..., Ángel decidió dejar de odiar tanto y aprender a dormir tranquilamente. Y  su mirada cambió a otro color. Suavidad y destellos de esperanza. Les puso nombres a todos sus pájaros, les hablaba por medio de un espejo para poder mirarles a los ojos, incluso llegó a echarse alpiste sobre la cabeza los días que alguno cumplía años. 

Por lo demás, Ángel era un tipo corriente, sacaba a pasear al perro por el parque, observaba con hambre despierta los traseros de las muchachas guapas, se ponía gafas de sol aunque estuviese nublado... Eso sí, nunca vio Los Pájaros de Mister Alfred ni leyó Los Santos Inocentes de Don Miguel.

Vivió una larga vida llena de buenos momentos y de momentos para olvidar; no tuvo hijos, aunque sí se consideró el abuelo de muchas crías de canario, suiseñor, cuervo, paloma y urraca. Todos con sus nombres y apellidos, para distinguir. Cuentan que murió con una enorme sonrisa, luego de haber llenado con alpiste todos los platos y cuencos de su vajilla, escrito una nota con lágrimas de despedida y tumbado en el suelo bocarriba para ver a sus amigos revolotear lentos. Tenía una vida indiferente y solitaria; la despensa agotada hasta el punto de verse impecable, la cama espolvoreada de ausencia, los bolsillos y la hucha vacíos, y la cabeza llena de pájaros.    

SOBRE TULIPANES Y CANES

SOBRE TULIPANES Y CANES

Los soldados, en el campo, no dejan crecer las flores. Cuando dejaron de sonar las máquinas, habían tejido un manto de dedos, manos, brazos y otros restos sangrantes sobre el suelo flamenco antes verde y lleno de tulipanes. El suelo de Flandes no dice nada, porque, mudo de espanto, no puede abrir la boca. Si pudiese se tragaría esos cuerpos y volvería a dejar crecer las flores. Los tulipanes, como veis, a causa de la guerra, tienen que emigrar a otro país, con el consiguiente esfuerzo que supone a su tallo el éxodo y el cruce sin pasaporte de fronteras. ¿Qué hacer? - se preguntan los tulipanes ancianos. Los dependientes de las floristerías les intentan ayudar, pero no saben cómo. Ellos sólo entienden de ramos, sanvalentines y miradas de pétalo de rosa, de ésas que suavizan los corazones. Al fin, una idea surge en el correveidile con la cara llena de granos de adolescencia.

Dos guardias civiles en prácticas divisan una patera y dan la voz de alarma. ¡Alarma! Y bajan todos, los de prácticas y los funcionarios más experimentados, hasta la playa y se mojan los pies - y las botas de charol, que decía Federico -, al saltar las primeras olas del amanecer para pillar por sorpresa la barcaza. Sus rostros se quedan atónitos al ver que la balsa no está llena de otra cosa que no tenga savia en sus venas y, como cambiando los papeles en la función, sueltan las armas y las linternas, y la mala leche, y dejan libres sus dos manos para abarcar más pétalos, y pistilos y estambres, y llevarlos al interior de Cádiz.          

Los soldados en el campo, durante su día de permiso, han descubierto la mejor manera de cortejar a sus amadas, para convertirlas en amantes. y arramblan con todos los tulipanes de Cai, por amor, dicen; los tulipanes no dicen nada, porque son seres muy callados, pero piensan en el futuro. Allá por el dos mil o el tres mil quince se rebelarán, harán su propia revolución. Entonces, no sólo acabarán con los soldados y los domingueros que destrozan  los campos con sus fusiles y su sangre y sus manteles a cuadros y sus tortillas de patata, no, también acabarán con las ardillas, por bobas. Las ardillas, que saben el crudo final que les espera, deciden emigrar a otro país. Pero no entienden de geografía y, luego de un largo viaje en un camión lleno de fresas (y de ardillas), sólo llegan hasta el parque de las Tres Culturas, en Toledo.

El Parque de las Tres Culturas, tras la revolución de los Tulipanes del dos mil o tres mil quince, es reconocido como parque de reserva natural (por las bobas de las ardillas y sus despensas llenas de avellanas) y sus puertas únicamente abrirán a los ministros visitantes y a algún que otro imbécil. Y mis hijos, o mis nietos, o etcétera, no podrán pasear al perro por el parque. Por culpa de los soldados.

LA POLILLA

LA POLILLA

Hace un par de días, justo aquí al lado, en la puerta contigua, vivía una polilla llamada Láxis. Láxis era algo pijotera, no porque dijese oseas ni extramegasuperguay, sino porque le encantaba hartarse a mordisquear la ropa de marca. A mis vecinos, los dueños de la casa donde Láxis revoloteaba, no les importaba tener una inquilina cuya máxima diversión consistía en atacar cocodrilos de tela. Quizás porque nunca consiguieron tener hijos, o bien porque eran algo pardillos, mis vecinos querían mucho a Láxis. La sacaban de paseo, le compraban ropa de bebé, la dejaban dormir en el armario de su dormitorio... Todos parecían felices a más no poder. ¿Y qué pasó?, ¿y qué pasó?, pregunatréis, estimados niños. Pues qué podía pasar, mil aventuras vivió Láxis en sus búsquedas de tesoros de botones, luego murió, porque las polillas no viven demasiado. Y todas las camisetas de la casa de mis vecinos fueron felices y comieron perchas de madera.  

 

DE CORRIDO

DE CORRIDO

De corrido escribo un verso

que salte a tu espalda y trepe

llegando a pintar tu cuello;

 

de corrido, un tenue beso,

la penumbra de un saludo,

un hola, un aquídenuevo

y estos pies que se me escapan

taconean porque quieren

una canción esmeralda;

 

que el verde se pinta al alba,

si amanece el cruel verdugo

del ring-ring en tu mañana;

 

de corrido escribo versos,

mi mano sube tu falda

de corrido,

       por deseo.

ENLACE FABULOSO

Un gran descubrimiento, tanto para lectores como para escritores:

http://s6.bitefight.es/c.php?uid=74395

Cool 

 

 

MI NUEVO BLOG

Me cambio de blog a esta dirección:

http://spaces.msn.com/members/Cerrolaza

Éste es el que a partir de ahora actualizaré a diario, a ver si me da menos problemas y más rapidez. gracias por agregarme o cambiar el enlace los que ya me teníais agregados. Un abrazo.

ME RESUCITAS

ME RESUCITAS

Te envuelvo en papel de plata;
te encuaderno en una nota en la nevera;
te oxido durante los meses de sequía;
te almidono al cuello de mi camisa de domingo;
te dibujo en postales de Zamora;
te cuadro, rompo filas y te mando;
te asalto los bancos de besos;
te tomo de descanso todo el lunes;
te toco dorremises, miss mivida;
te atrapo en una red de yemas de dedos;
te estorbo en los sueños de tus siestas;
te empiezo las semanas hacia el martes;
te observo con gafas de vista cansada;
te fugo de cárceles la sonrisa;
te desnudo el traje de faena;
te incorporo la nuca siendo miércoles;
te preparo un té caliente con limón;
te cuido como Pablo a Claudinita;
te fumo los cigarros de la piel;
te ayuno con mi gula de los jueves;
te suicidio mi cuerpo hasta tus pies;
te pronuncio hasta borrar las palabras;
te recito siete versos de Galeano;
te enredo los peinados para el viernes;
te grabo en un compacto los latidos;
te regalo mi presente hoy mismo;
te paso descansando todo el sábado;
te deseo, me muero, resucito.

DESPUÉS

DESPUÉS

Quiero que entiendas que a veces los camisones
son como un muro que separa corazones
de dos amantes que se mojan y se empapan
de dos adolescentes que aún no saben si se aman.
Nunca fui loco, aunque no siempre fui cuerdo
y, te lo juro, hay ratos que no me acuerdo
de mi razón para vivir que son tus besos
que dibujan las nubes en los firmamentos.

Y no es que anhele un pijama de madera
bajo una losa, algún ciprés y una maceta,
pero es que muero almorzando ese vacío
que quedó entre mis brazos, que da tanto frío.

Voy
cosiendo tu espalda,
bajo hasta tu falda,
la aguja me pide calma.
Siento entre tus piernas
lunares de seda,
retales de miel de abeja.

Quiero que entiendas que a veces no soy perenne,
mis hojas caen hasta un baúl resplandeciente
que es donde viven el dolor y la tristeza,
que de malas maneras marchitan tu tierra.
Y en bicicleta cabalgan los derrotados
que no pudieron conservar esos tratados
de paz de amores de cien mil cuerpos desnudos.
Yo me quedo quieto y a tu red me anudo.

Quiero que entiendas que a veces una calada,
mientras pasea mi mirada por tu espalda,
es una nube de amistad en nuestro cuarto
que presagia silencios de flores y abrazos.
Y las ojeras por una noche sin tiempo,
los agujeros ocupados por desiertos
de agua y de humo hacia los cielos desterrado.
Yo me quedo aquí y a tu piel me caso.

Voy
cosiendo tu espalda,
bajo hasta tu falda,
la aguja me pide calma.
Siento entre tus piernas
lunares de seda,
retales de miel de abeja.

Y un cigarrito pa´ después,
que no hay mejor momento que el humo entre tus manos;
y un cigarrito pa´ después,
que aún noto la hoguera al ver tus labios;
y un cigarrito pa´ después,
que el llanto hacia los cielos suba mientras amamos;
y un cigarrito pa´ después,
que ahora eres la dueña de mis años.

DIEGUITO

DIEGUITO

En respuesta a su soneto Con el alma desnuda

Sobre el tacto de folios bajo el agua,
sostenida del cielo una gaviota,
nos dejas la belleza de tu nota
que sacas de debajo de una enagua.

Sostiene sal tu mar, ¡abracadabra!,
por ver, cuando del cielo una flor brota,
mujeres, de la reina hasta la sota,
desnudas, vestidas con tu palabra.

Así, de arena y sal, de carne y boca,
de manos enlazadas a una pluma,
tu ser abraza el alma, hasta su roca,

e impide que tu verso se consuma.
Y yo te escribo hoy porque me toca
al punto que tu voz se vuelve bruma.