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Poesías

TODAS LAS MAÑANAS

TODAS LAS MAÑANAS

 

“¿Quieres un café?”,

dije, con una taza humeante en la mano,

mientras terminabas de subir las persianas

de tus ojos marinos;

 

pero no querías un café;

no querías un desayuno a mi lado,

ni dos tostadas,

ni tres tortitas con mermelada de albaricoque

(¡demasiado dulce!);

 

no querías dos horas a pies descalzos,

vestida con mi camisa arrugada,

que tan bien te sienta, por cierto,

sonriéndonos atontados el uno al otro,

ni disfrutar de la música que crea el silencio

entre miradas;

 

no pretendías una mañana de caricias

con sabor a breve amor eterno;

ni leer el periódico entre mis brazos,

acurrucada.

 

Tampoco deseabas que me hubiese marchado

mientras dormías,

ni haberte escapado de puntillas

mientras roncaba;

 

ni dejar una leve nota en la mesilla,

ni leer mi número de teléfono en algún post-it,

ni un guasap de cursis emoticonos,

en absoluto.

 

No querías

- yo tampoco, todo sea dicho –

vivir conmigo una aventura pasajera,

ni ser pasajera de ese tren que a veces pasa

deprisa, tan deprisa, sin terminar de parar

en ninguna estación;

 

lo que querías aquella primera mañana

- yo también, todo sea dicho –

eran todos los cafés,

a mi lado, a tu lado;

tazas humeantes en la mano,

en la mañana, todas las mañanas,

mientras terminas de subir las persianas

de tus ojos marinos

cada día de nuestra vida.

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AL NORTE DE Mª JOSÉ SIERRA

AL NORTE DE Mª JOSÉ SIERRA

María José Sierra

jamás rimará con guerra;

ella es del Sur y el Sur es el Norte

en ella; nos flota en una botella

como si fuésemos barcos, veleros, botes…

de papel.

 

y es consonante, pues la llevamos delante;

y es pareado,

pues la sentimos al lado

en nuestros toledos,

mientras ella va, cruzando puentes,

del Valle a la Catedral;

 

que le cantan al oído,

entre susurros,

que huele a septiembre este julio,

que sabe a brisa su prisa

por sacar papel y lápiz

y escribir alguna brizna;

 

que desnuda margaritas

y las viste de colores;

que es Perseida cuando llora

por regar todas las flores;

 

a mí, María José Sierra

siempre me rima con Tierra.

HASTA EL INFINITO

HASTA EL INFINITO

Lanza palabras al aire

y que reboten

en nubes como paredes;

si gritas una de cada cuatro

es posible que traspase

el firmamento;

los marcianos que trasnochen

podrán escucharla fugazmente,

rozando, casi, el infinito.

 

La ciencia ficción resulta

algo prosaica,

al igual que los marcianos

- verdes que los pintan verdes.

Y debes tener cuidado,

cuando sigas mis indicaciones,

con la palabra que elijas,

pues el eco no censura:

torpedo, ampolla,

macaca, calculo…

yo no te las recomendaría,

llámame raro…

Mejor grita, por ejemplo:

obeso, clamor,

technicolor o movida;

luego, no esperes a ver qué pasa,

intenta seguir lanzando

palabras y más palabras

en vez de al aire, a la gente,

quizás llegues hasta el infinito

y más acá.

AÑO NUEVO

AÑO NUEVO

He debido comerme doce uvas

para sentir el eco de tu silbido;

fluyen, como el agua de los ríos,

los versos en este teclado imperfecto.

 

Y las copas de anoche parecen árboles

perennes, monedas tintineando,

espadas haciendo ruido;

pero sólo tú, aun dormida,

eres quien baila al compás de mi corazón

sobre esta partida de cartas sin apuestas.

CAMINA

Camina,

que tarde es pronto a estas horas;

y tu estatura será, allá arriba, de gran altura.

 

Camina,

que son tus botas con sus botones abotonados

como ratones.

 

Camina,

medio despierta, casi dormida,

hasta el café con dos de azúcar

y una de crema.

 

Detente,

si te despejas, y te desnudas:

déjame verte, sólo un instante

que dure un siglo;

y luego vete,

aunque sea sólo el tiempo justo para dejarme

sentir tu ausencia

y festejar como un perro tu regreso

a tu regreso;

que esta última rima nadie podrá negárnosla

y, si lo intentan, les daremos en el hocico

con periódicos enrollados de ayer.

 

Y camina caminando

y hazme camino al cantar

si me cantas al oído,

susurrando.

 

Y deja, como si nada,

en mis hombros tu cansancio,

y tu espalda en mi caricia

reposando.

14 de Febrero

San Valentín jamás me hizo tilín,

tanto rojo y ese amor empaquetado,

esa cena y ese dúo enamorado,

o el paseo en un velero bergantín.

 

San Valetín jamás de los jamases

logró hacer que te quisiese, Sofía,

más aún, y te quiero todavía

más que el mus a sus reyes y a sus ases.

 

Pero hoy, con un océano por medio,

y el esquipe como único remedio,

quiero, como Milú a su Tintín

 

o Sherlock Holmes al Doctor Watson, darte

un ramillete de flores, besarte

y estar contigo este San Valentín. 

 

RECUERDO DE CHAPLIN-CHARLOT

RECUERDO DE CHAPLIN-CHARLOT

Y recordar, al fin, las alpargatas,

las dudas y los pelos en la ducha,

las sopas de zapatos, el bigote

plagiado por aquel loco bajito.

 

Y recordar, al fin, en mil colores,

palabras musicadas en silencio,

el chico que rompía las ventanas,

la risa, la alegría de estar vivo;

la sencillez de un gesto de teatro,

bombín, bastón y grandes pantalones,

el pobre se hizo rico como pobre

con quimera dorada en su mirada.

 

Y recordar, al fin, que por amores

se mata y se asesina sin complejos,

hilvana cien verdades como puños

en negro, blanco y negro, gris teñido.

 

Y recordar, al fin, un vagabundo

que empapa con sonrisas todo llanto,

abierta carretera al horizonte,

se marcha dando pasos celestiales.

GOLPEANDO

GOLPEANDO

Les juro que así fue, casi de golpe,

nadando entre la gente -había un golpe-

y mareado tras beber un golpe

de aguardiente, le rozó de aire un golpe;

 

al banco central se fue a dar el golpe;

bajo su chaquetón, notaba el golpe

de su corazón al sentir el golpe

de efecto cuando a un cliente le dio un golpe.

 

Y la huida en coche, una curva, un golpe

de volante, la sangre, un bajo golpe

del destino que dio de gracia el golpe

y él, pálido, muriendo tan de golpe.

 

no hubo palabras solemnes, ni un golpe;

la muerte, claro, fue para él un golpe;

lo enterraron en un lúgubre golpe;

al fondo el triste mar provocó un golpe.

PARA QUE NO ESTÉN CANSADOS

PARA QUE NO ESTÉN CANSADOS

Mira, el columpio rompe el viento en un vaivén

y un par de pies colgantes rasgan papeles

mientras la risa asoma bajo una nariz redonda.

Gírate, que el balancín siempre sube y sube,

una y otra vez hasta igualar un kilo de lentejas

con un litro de batido de vainilla.

 

¡Eh! Que las palas y los cubos, y los rastrillos,

levantan muros y almenas, defensas inquebrantables

contra el paso de los años.

Oye, las metralletas, algunas veces, tan sólo matan

monstruos de aire y de armario; otras veces,

empapan de agua los odiados trajes de domingo.

 

Escucha, ¿no te parece estar junto al Mediterráneo?,

tengo una concha mágica que me regaló el abuelo.

Y dime si esta vez los indios no dejarán

que muera el último bisonte, o si, de nuevo, los vaqueros levantarán

sus vallas de alambre de espino, del que pincha como una rosa.

 

¡Vamos!, despierta ya del sueño del parque

que debemos volver con mamá y papá hasta casa;

son ya casi las ocho y ya sabes que los Lunnis son siempre puntuales;

pues los columpios deben dormirse pronto,

para estar descansados mañana a la tarde.

Si el cielo era tu infierno (para el diablillo Luismi)

Si el cielo era tu infierno (para el diablillo Luismi)

Si el cielo era tu infierno y si las llamas

quemaban con cosquillas solamente,

con risas, con tu humor resplandeciente,

escoge, que tendrás una y mil camas.

 

Si el cielo era tu infierno y ahora clamas

al viento y a la mar tan fuertemente

que tu Zamora llora penitente

viendo pasar tu vida en fotogramas;

 

y si tu infierno es cielo en nuestra tierra,

y nuestras vidas son tan aburridas

sin tu magia, tu sol, tu paz, tu guerra;

 

tendremos que subir hasta tu infierno,

sin ruido despertar almas dormidas,

bailar con tu amistad, Jimul eterno.

CAPERUCITA

CAPERUCITA

Caperucita tiene tres peluches

de lobo en su cama,

quizás;

guarda horquillas de colores

en sitios insospechados;

tiene un mechón azul bajo su capa;

hace trampas cuando juega al tute

con los amigos de su abuelo,

que estuvo de viaje años atrás.



Caperucita tiene tres peluches

de lobo en su cama

y un cojín de Hello Kitty,

quizás.



Esta noche no ha salido Dexter de caza,

no ha sorprendido a la abuelita en la ducha

ni se ha enfundado el camisón.

Una caperuza roja ha desteñido en la lavadora

toda la ropa blanca.

La cesta llena de pasteles ha quedado olvidada

en la despensa, para deleite de los ratones.



Caperucita ha dejado atrás los cuentos,

se ha hecho trenzas y se ha vestido de negro

- nadie la reconocerá -

para ir al concierto de los Children

donde el lobo Laiho aullará para ella

mientras empieza a vivir

el cuento de su vida.

 

                                                                                                                                         

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NO SÓLO LOCO (Dadá Demodé, de Rafael Sarmentero)

NO SÓLO LOCO (Dadá Demodé, de Rafael Sarmentero)

Como poco coco compro,

poco coco como.

 

 

Os diré que fue un genio,

una estrella o un foco

de este nuevo milenio,

porque ser loco es poco.

 

Os diré que le ataron

por su astucia y su coco,

peligroso, estimaron,

porque ser loco es poco.

 

Rafael Sarmentero,

poeta, novelista,

algo de caballero

con mirada de artista,

yo sé que fue rapero,

mezcla de ajedrecista

- pero con más salero -

y de abolicionista,

sol de luna lunero;

 

¡eh!, las damas primero,

mas por orden de lista,

que se calle el barquero

- por ser antagonista -,

nadie paga dinero

si va por su autopista.

 

Y si ser loco es poco

y no es moco de pavo,

¿se tiró de un octavo?,

¿era el pájaro loco?,

¿era como una cabra?

¿dónde está su palabra?

 

Puede ser que se fuese

- con corbata lo evoco -,

que otras vidas quisiese,

porque ser loco es poco;

dentro de su carpeta

un nuevo documento

de texto en avioneta

nos señala el momento

y, cayendo en picado

sin ningún aspaviento,

una estela ha dejado

dando tumbos al viento.

 

y aunque ser loco es poco

apropiado adjetivo,

siempre es más que estar vivo

en un mundo barroco

y sentirse adoptado,

confundido y cansado,

porque ser loco es poco.

 

Hoy publica Dadá

demodé en un silbido

¿o quizá es un chillido

o un espasmo quizá?

¿Yo? Tal vez; él tampoco,

 

porque Rafa no es poco.

LIENZO ESTACIONAL

LIENZO ESTACIONAL

Si llegó la primavera,

espera,

que el verano pasa en lento

lamento

y el otoño de la vida

se oxida;

pues la nieve, tan caída,

del invierno te desvela,

desdibuja la acuarela

y la tela queda herida.

ACÉRCATE

ACÉRCATE

La enredadera sube a paso firme

al ritmo de la flauta travesera,

calcula logaritmos cualesquiera,

estimula el desvelo;

debo irme,

 

me cuentas con tus dos trozos de cielo;

un tren sale del puerto a cada hora,

lo sabes, no te marches en la aurora,

acércate a mi piel

y dame un beso.

 

 

 

El cuadro es de Leonardo Herrera

LOS DEDOS DEL AZAR

LOS DEDOS DEL AZAR

Sabes muy bien que estoy colgado,

contando los dedos del azar,

me salen veintitrés;

Ellos me hablaron de otros lados

donde no manda Soledad,

ya llevo veintiséis;

tus manos señalan

que son mi destino,

si es tan sólo un mal, serán

dos dados tirados sin pensar.

 

¿Ya te has cansado?, ¿qué has decidido?

Tienes dos manos y tres pies;

agasajado por tu castigo,

y la esperanza se me va.

Sabes muy bien que ando estancado

pescando cuentos en tu mar,

y es que érase una vez…

Tal vez ocurra - inesperado -

que acabe con un buen final,

perdices vamos a comer;

marcaré tu espalda,

seguiré el camino,

puede que tú seas mi lugar,

dos dados lanzados sin pensar.

 

¿Ya lo has barajado?, ¿te lo has permitido?,

cuento y me salen treinta y tres.

Tal vez tirado, como un mendigo,

con los sueños en un vaivén;

trazaré el sendero, mapa del destino,

mi vida no es un Blackjack,

trucaré los dados de mi azar;

 

cruzaré tus dedos hoy,

si no sale un doble seis,

pediré escuchar otra canción.

Cuando nos pisen

¿Dónde vas,

dónde vas? Hacia el mar del pasado,

hay un pez, hay un pez, pez dorado

con aleta de serie que cuenta

que aún no le has dado

tus besos de menta.

 

El azar

o la inercia al perder un tranvía,

bostezó como bosteza el día

cuando acaba su turno de esclavo,

buscó compañía,

buscó al fin y al cabo.

 

Quiéreme

con tu suerte aleatoria, destino,

quiéreme, no me pidas perdón,

asesino,

y dame tu maldad, corazón.

 

Qué será,

qué será, qué se fue o qué seremos

cuando nos pisen los crisantemos,

si hemos sido amantes

hasta los extremos

más alucinantes.

AHORA, QUE NO ESCRIBO

AHORA, QUE NO ESCRIBO

Ahora, que no escribo,

las letras se me comen,

bosteza mi teclado;

las noches son más largas,

eternos los desvelos;

 

Ahora, que no escribo,

publico a borbotones

escritos del pasado;

navego sin piratas

por mares sin veleros.

 

Ahora, que no escribo,

el sol sólo se pone,

el cielo está abombado,

la luna no es de plata;

las nubes son de cieno.

 

Ahora, que no escribo,

me voy, que tengo sueño.

Un Ángel volando

Cuando el viento resopla en los rincones

de la celda del cuerpo ya cansado,

Angelito González, angelado,

se nos marcha volando en sus canciones.

 

Fue un tahúr con el as de corazones

escondido en la manga, agazapado;

otra vez fue y tomó el camino helado,

de nuevo nos ganó a pares o nones.

 

Con sus manos sembraba campos blancos

de sus trigos de versos de agua clara;

descansaba corriendo sin violencia,

 

paseaba sentándose en los bancos;

no podemos vivir en la algazara,

porque andamos muriendo por su ausencia.

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CONSTRUYENDO PUZZLES

CONSTRUYENDO PUZZLES

Podemos ir nadando, que es gerundio,

hasta cruzar el mar de los recuerdos,

la orilla es este verso,

y en el alzheimer de la madrugada

podemos construir puzzles perpetuos.

 

Eterna es la molestia de las moscas

cantando en los rincones de mi oído,

eterno es su silbido,

y a la intemperie de un fugaz placer

podemos agarrar cualquier zumbido.

 

No sabe del común de los sentidos

aquel que no ha sentido la locura

postrado en la amargura,

y con los cuentos que nacen de noche

podemos endulzar nuestra cordura.

¿QUIERES BAILAR?

¿QUIERES BAILAR?

Parecía una gallina cacareando

allí, en el medio de la pista;

no todos me miraban, pero nadie se lo perdió.

 

Tú estabas tan bonita...

 

La corbata me ahorcaba el alma

y los zapatos me rozaban hasta hacerme herida.

El bebé recién bautizado lloraba y lloraba,

los familiares bebían y bebían.

 

Parecía una gallina cacareando

al aparecer un zorro

hasta el punto de que alguno creyó que la canción que sonaba

no era la correcta.

 

Al fin acabé el baile y comenzó a sonar una lenta,

de ésas en que hay que bailar agarrados;

todos los de tu mesa creyeron que había contado un chiste

cuando vencí al miedo y te pedí bailar.

 

Nunca entendí por qué el ritmo

se reparte desigual de unos pies a otros.

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