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Cerrolaza

PARA QUE NO ESTÉN CANSADOS

PARA QUE NO ESTÉN CANSADOS

Mira, el columpio rompe el viento en un vaivén

y un par de pies colgantes rasgan papeles

mientras la risa asoma bajo una nariz redonda.

Gírate, que el balancín siempre sube y sube,

una y otra vez hasta igualar un kilo de lentejas

con un litro de batido de vainilla.

 

¡Eh! Que las palas y los cubos, y los rastrillos,

levantan muros y almenas, defensas inquebrantables

contra el paso de los años.

Oye, las metralletas, algunas veces, tan sólo matan

monstruos de aire y de armario; otras veces,

empapan de agua los odiados trajes de domingo.

 

Escucha, ¿no te parece estar junto al Mediterráneo?,

tengo una concha mágica que me regaló el abuelo.

Y dime si esta vez los indios no dejarán

que muera el último bisonte, o si, de nuevo, los vaqueros levantarán

sus vallas de alambre de espino, del que pincha como una rosa.

 

¡Vamos!, despierta ya del sueño del parque

que debemos volver con mamá y papá hasta casa;

son ya casi las ocho y ya sabes que los Lunnis son siempre puntuales;

pues los columpios deben dormirse pronto,

para estar descansados mañana a la tarde.

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1 comentario

Anónimo -

Maravilloso "el columpio que rompe el viente en un vaivén", y "las palas y los cubos...que levantan muros y almenas...contra el paso de los años" pero sobre todo: La concha mágica del abueloque te lleva junto al Mediterráneo. ¡Evocador! Me gusta.
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