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Cerrolaza

LA CIGÜEÑA FÁTIMA PARA ACORTAR (incluye aclaraciones para niños)

LA CIGÜEÑA FÁTIMA PARA ACORTAR (incluye aclaraciones para niños)

Aquella cigüeña se sentía más triste que una cereza verde porque no había tenido hijos. “¡Yo sólo quiero un cigüeñín!”, se lamentaba; pero su deseo nunca se cumplía. Un día se le ocurrió una idea, “si no puedo tener hijos propios, tendré hijos ajenos”, y puso en marcha su plan. La cigüeña planeó y planeó, es decir, que planificó su modus operandi y voló hasta lo más alto para luego dejarse caer bailando con el viento, de ahí que planease (de planear, ref. hacer planes o proyectos) y planease (de planear, ref. volar con las alas extendidas e inmóviles) - ¿entendéis, niños? -; pues bien, decía que la cigüeña se dejó caer a través de una chimenea hasta llegar al salón de una casa cualquiera de París - ¿conocéis París?, pues es muy bonito: tiene un río, una torre muy alta, varios museos, plazas, tiendas, cines... es una ciudad linda y original - y allí agarró un bebé con el pico, pues las cigüeñas, sabréis, no tienen manos como los chimpancés, y se lo llevó volando como un águila, aunque se parecía más a una cigüeña que a un águila, la verdad sea dicha.

 

En días posteriores, nuestra amiguita, la Cigüeña Secuestradora de Niños (la llamaremos Fátima para acortar), se dedicó a ir de casa en casa y de chalet en chalet recogiendo bebés y más bebés hasta tener ciento uno. Y no, no se hizo un abrigo de piel de bebé, porque no se llamaba Cruela Devil, sino Fátima para acortar, no, nuestra amiga se dedicó a ser mamá. Imaginaos la estampa: una mamá primeriza y sin manos con ciento un bebés llorones, dormilones y comilones (como vosotros cuando érais pequeños). Se cansó a los dos días y decidió devolverlos casa por casa y chalet por chalet; sin embargo, dado el hecho de que no había apuntado las direcciones en una agenda, porque, sabréis también, sabiondos, las cigüeñas no llevan abrigo ni camisa ni bolso y, por tanto, no tienen dónde guardarse un agenda, no fue capaz de recordar a qué casa pertenecía cada bebé - tened en cuenta que las cigüeñas no se parecen a los paquidermos y no se puede decir de ellas que tengan memoria de elefante -; así que lo que hizo fue dejar caer a los niños de casa en casa totalmente al azar, como en un juego de dados en el que se apuesta pasta italiana a la carbonara.

 

Cuentan que la cigüeña Fátima para acortar se quedó con un bebé al que llamó José, pero todos le decían Pepe. Pepe creció y se convirtió en un joven apuesto (como en los juegos de azar italianos) al que un día le dio por probar el sabor de la carne de cigüeña, pero ésa es otra historia.

 

En fin, Manolín y demás niños, ahora sabéis de dónde viene el dicho de que las cigüeñas traen a los niños de París, pero no os lo creáis, que es mentira podrida, como los huevos, los huevos podridos, claro... clara, y yema. FIN

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2 comentarios

Cerro -

Gracias, Lau. Bs

lau -

me encanta leerte, cerro.

un besazo
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