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Cerrolaza

VUELVO ENSEGUIDA

VUELVO ENSEGUIDA  

A las cinco y treinta y cuatro, una mosca me mosquea con un zumbido que poco o nada entiende de jazz; un coche en marcha, parado en la puerta de mi casa, juega con el insecto volador a ver quién puede más; ambos ganan, me voy a otra habitación a saborear el café de media tarde. Mi perro juega a lavar mis zapatillas con sus babas, les ladra, las lanza por el aire a ver si se bailan un tango, pero no le responden; mi perro no sabe que las zapatillas sólo bailan cuando yo no estoy en casa. A las seis menos cuarto, la mosca se ha ido a mosquear a cualquier otro y el coche, espero, que a algún aparcamiento cerca de la oficina de su maldito dueño; noto en mi lengua cierto sabor amargo y mi perro sigue, dulcemente, como un niño, intentando que mis zapatillas le cuenten el cuento de Los Tres Cerditos. Al fin se abre y se cierra la puerta. No ocurren tantas cosas en poco más de diez minutos y, sin embargo, me parece una vida entera cada vez que sales a por tabaco.

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4 comentarios

Cerro -

Jejé. O eso que dices, o es que eran conductores solidarios, que ponen música para ellos y para todos los demás.

Un abrazo.

Té la mà Maria -

acaban de pasar tres coches que tienen mas potente los altavoces que el motor, a veces pienso sino estaremos creando un mundo de sordos

saludos

Cerro -

Vale, aquí te espero comiendo un huevo.

Sofia -

Vuelvo enseguida...
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